ELENA G. MONTERO
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
"A la mar me voy, mis obras te dirán quién soy". Entre las letras y las olas se desarrolla la vida de Julio González Padrón, marino mercante, y delegado comercial después, a quien el puerto de La Luz ha decidido este año conceder el premio Puertos de Las Palmas 2012 a la mejor trayectoria, que se le otorgará el próximo 24 de mayo en el Real Club Náutico de Gran Canaria.
Con los 22 años cumplidos se echó a la mar. Descubrió su pasión por la navegación de la mano de su cuñado, que por aquel entonces era jefe de máquinas de una gran naviera. Después de varios años de formación y prácticas, y de cumplir con el servicio militar, se embarcó con Cacique Navigation, una empresa con la que recorrió el mundo. "Viví unos años maravillosos en ese barco al que conocíamos como la sede de la ONU porque cada uno era de una nacionalidad diferente", explicó ayer Julio González instantes antes de que le llegara a casa la carta que le informaba del galardón.
"Estuve algo más de un año conociendo mundo y volví a la Naviera Pinillos, con la que aprendí la profesión. Volver a España lo era todo para mí, ganaría menos pero iba a estar en casa". De marino mercante, Julio González pasó a trabajar en tierra en el departamento de comisión de servicios de la misma naviera. Unos meses después le nombraron delegado comercial.
Pero su verdadera pasión se fue forjando y buscando un vacío donde aflorar en sus largos trayectos en aguas de nadie. Las letras. "Soy un escritor frustrado. En bachiller no me dejaron elegir letras por considerarlo de chicas y tuve que estudiar ciencias. Siempre tuve la espinita clavada", recuerda Julio. Palabras que unía con ritmo en sus ratos de ocio y que años después, para sorpresa de su autor, fueron viendo la luz.
La maldición del negro
Su última novela fue, de las tres que Julio ha publicado, la más aplaudida. La maldición del negro tuvo tantos novios que hasta se estudió la posibilidad de llevarla a la gran pantalla. Pero estando aún embarcado comenzó a escribir un libro que hablaba de la vida en el puerto, de sus historias y anécdotas, que muchos años después se convertiría en el antiguo testamento portuario.
Las Palmas de Gran Canaria, nuestro Puerto, nuestra Ciudad se publicó en 2007, para hacerlo coincidir con el centenario de La Luz. En él se plasmaba la idiosincrasia del puerto, la ciudad y la gente a través de las vivencias e historias de sus propios protagonistas. Protagonistas como Julio, a quien el Puerto quiere rendir homenaje.