Recuerdo del Sahara en San Lázaro

Un panteón militar y decenas de nichos acogen a los españoles repatriados desde El Aaiún

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Nichos de españoles que fueron trasladados desde el cementerio de El Aaiún al de San Lázaro. | josé carlos guerra
Nichos de españoles que fueron trasladados desde el cementerio de El Aaiún al de San Lázaro. | josé carlos guerra 

Militares y civiles españoles que fueron enterrados en el Sahara fueron repatriados tras la descolonización del territorio en la década de los 70. El camposanto capitalino de San Lázaro fue uno de los destinos a los que se trasladaron los restos de estos fallecidos, transportados en barcos a tierras isleñas.

ELISABET RODRÍGUEZ
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Un total de 123.000 metros cuadrados ocupa el más moderno cementerio del municipio de Las Palmas de Gran Canaria, el de San Lázaro, que data de 1960. Entre los recuerdos que envuelven cada uno de sus rincones, destaca la historia de los españoles repatriados desde el cementerio de El Aaiún al de San Lázaro. En el camposanto canario descansan algunos de los restos de militares y civiles que yacían en el Sahara y que tras la descolonización del territorio africano, en la década de los 70 del siglo pasado, fueron trasladados en barco a las Islas.

La batalla de Edchera, en el Sahara Occidental, tuvo lugar en enero de 1958, a 25 kilómetros al este de El Aaiún. Enfrentó a las fuerzas españolas y marroquíes y ocasionó la muerte de 37 legionarios y más de medio centenar de soldados resultó herido. Los restos mortales de algunos de estos legionarios descansan en los cementerios de Las Palmas, en Vegueta, y de San Lázaro, y en este último se erigió un panteón militar en el que se han sepultado a los sargentos de la Legión.

Esta escaramuza fue calificada como la más importante de las tierras de Sidi Ifni. Los marroquíes tenían intención de hacerse con este territorio, por entonces bajo la administración española. En varios aniversarios de la contienda se homenajea en San Lázaro a estos valientes que fueron sorprendidos en una emboscada por los marroquíes. Las crónicas cuentan que dos compañías de la XIII Bandera de la Legión estaban concentradas en la misión de reconocer la zona de Edchera cuando los marroquíes se acercaron rápidamente sin ser vistos. Estos abrieron fuego desde las dunas y sorprendieron a las tropas españolas. Sin embargo, estos últimos tuvieron una ágil respuesta y ocasionaron grandes bajas a sus enemigos, provocando 241 muertos de los 500 contra los que lucharon, además de un centenar de heridos.

Los legionarios estuvieron cohesionados en todo momento y atacaron con fuego de mortero y armas ligeras hasta que cayó la noche. Fue en este momento cuando las fuerzas marroquíes retrocedieron. Por esta patriota acción se compensó a título póstumo con la Gran Cruz Laureada de San Fernando al vallisoletano brigada Caballero Legionario Francisco Fadrique Castromonte y al vizcaíno Caballero Legionario Juan Maderal Oleaga. Esta distinción es la más alta condecoración en tiempos de guerra. Unos meses después de la hazaña, se firmaron los acuerdos de Angra de Cintra entre ambos gobiernos. Esta alianza fijaba los límites del Sahara español.

Pero no fue hasta 1976 cuando España abandona el territorio. Tras las negociaciones con Mauritania y Marruecos, el Gobierno español se despide del Sahara y es ahí cuando "el ejército recibió la orden de ir al cementerio para cavar y traer a los muertos en barco", apunta Juan José Laforet, cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria. Y así fue como se transportaron a los civiles y militares que perecieron en tierras africanas.

Dos buques, ambos propiedad de la Compañía Transmediterránea, se encargaron del traslado: el Isla de Formentera transportó los restos de 172 militares desde El Aaiún al puerto de La Luz. Y el Plus Ultra hizo lo mismo con los cuerpos de 400 españoles civiles. Más de un centenar se enterró en una zona de nichos de la necrópolis de San Lázaro, espacio que destaca por la pintura blanca que cubre cada una de las tumbas. En muchas de ellas se aprecian los nombres que identifican a las personas que descansan en los sepulcros. En otras, luce el color blanco y el vacío.

En el mismo recinto destaca el monasterio de San José, residencia los Hermanos de la Resurrección. Esta congregación religiosa nació en el camposanto. Se trata de un grupo de monjes que vigilan el terreno sagrado bajo las claves de la lectura, el trabajo y la oración. Los hermanos llevan una vida dividida entre la contemplación y la atención. Ofrecen testimonios de vida como optimismo cristiano. Es de las pocas congregaciones cuya actividad es la vida contemplativa desde pequeños monasterios.


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