PEDRO GUERRA
Me pegué toda la noche con un megáfono avisando a los vecinos". Felita Díaz vende pescado con un furgón y un megáfono habitualmente en Las Indias. Quién le iba a decir que sus herramientas de trabajo cotidiano sirvieron, en medio del caos que vive La Palma por el incendio, para salvar vidas.
"Desde las tres y media de la mañana avisaba a la gente con el furgón y el megáfono por todo el pueblo. Fue algo que se me ocurrió así, sin pensarlo", aseguró esta menuda mujer que no puede reprimir el llanto tras tanta tensión acumulada. "Luego las llamas no me dejaron pasar más allá del pueblo, donde estaba mi hijo colaborando en las labores de extinción", ya que ambos son voluntarios de Ayuda en Emergencias Anaga (AEA). Su trabajo es altruista. "Tuve que volver hacia arriba porque no podía ni respirar. Mi otra hija me llamó y me dijo que estaba bien, que habían llegado al faro, en la costa, y yo seguí ayudando a la gente", insistió, nerviosa, con cara de haber dormido bien poco: "Dos horas me acosté esta mañana y ya está, aquí estoy de nuevo ayudando a la gente". Es la viva imagen de la solidaridad reflejada en un rostro. "Fue muy triste ver a mis vecinos llorando con sus casas ardiendo. Es una impotencia que te paraliza, pero aún así seguíamos todos ayudándonos", resume con lágrimas en los ojos. "Quieres ayudar a todo el mundo, pero no puedes con todo. La gente tenía hambre, sueño? y la comida llegó a las dos de la tarde. No podíamos con todo".
En Las Indias se quemaron una veintena de casas. Es una población que se encuentra cercana al inicio del incendio, que sufrió las embestidas de las llamas aupadas por el fuerte viento. A mediodía de ayer, Felita Díaz, cuerpo menudo entrado en años de sacrificio, pescadera de profesión, seguía al pie del cañón. Ahora en Tigalate. "Donde haga falta", sentenció esta vecina del pueblo, demostración de solidaridad en plena tragedia.