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La Palma, cifras e historias ardientes

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Uno de los helicópteros de extinción de incendios sobre los bosques de La Palma, en una de las jornadas de lucha contra el fuego.
Uno de los helicópteros de extinción de incendios sobre los bosques de La Palma, en una de las jornadas de lucha contra el fuego.  L.P.
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Con el fuego ya controlado llega la hora de hacer balance. Junto a esas cifras, frías, escalofriantes, inertes... están las historias humanas de la tragedia. Fuencaliente puede dar fe de que su gente sobrevivió milagrosamente a un fuego voraz como pocos, pero que se llevó por delante otras muchas cosas de incalculable valor

PEDRO GUERRA Las cifras del incendio de La Palma son tan escalofriantes como las historias que deja tras de sí el incendio: 4.000 desalojados, 500 operarios trabajando en las labores de extinción, otros 500 de apoyo logístico, 30 casas quemadas por completo, 30 más con serios daños e inhabitables, 2.700 hectáreas quemadas, una pareja de ancianos durmiendo en un cobertizo, un taller de mecánica arrasado por las llamas, cerca de 300 cabezas de ganado carbonizadas, dos hectáreas de plataneras fulminadas, una veintena de vehículos calcinados, nueve familias a las que se les busca casa de alquiler por unos meses hasta que puedan volver a la suya, una residencia con cuarenta ancianos desalojada... La Palma fue un verdadero caos tras la llegada del fuego más devastador que se recuerda en la isla bonita.

Los municipios de Mazo y Fuencaliente tratan de recuperar la normalidad poco a poco. Será un trabajo lento. Ayer pusieron en marcha las oficinas municipales para recoger los daños que van declarando los vecinos. La presidenta del Cabildo de La Palma, Guadalupe González Taño, se comprometió ayer a hacer un trabajo de campo con los afectados, "familia a familia", mientras las autoridades agilizan las ayudas más urgentes.

Los Canarios, Las Indias y Los Quemados, en Fuencaliente, son las poblaciones más afectadas por el voraz incendio, amén del monte que ardió en Mazo y en el que aún queda algún frente ardiendo, aunque controlado.

El fuego atravesó de arriba abajo las tres poblaciones citadas, llevándose a su paso todo lo que encontró. Fue lo que le ocurrió al Taller Fuencaliente, ubicado al pie de una carretera que en la noche del viernes sólo vio circular, a 80 kilómetros por hora, a un bólido transformado en llamas que "volaban por encima de nosotros", según los vecinos de las localidades afectadas. En ese taller, a media docena de vehículos que esperaban, quizá, por una avería sin consecuencias, se les colgó el cartel de siniestro total, más merecido que nunca. La casa de Juan Ignacio Triana, en Los Canarios, la población más alta de las tres más afectadas, fue literalmente arrasada: Un bonito chalé estilo palmero, de dos plantas, totalmente abrasado por las llamas, cuya imagen más dantesca y desoladora se encuentra en lo que antes era una habitación, pero de la que ahora sólo queda la silueta de una cama que marcan los muelles del colchón. La escalera que da a la planta alta, con barandilla de madera, es ahora negra. Y la cocina de Juan Díaz, en Las Indias, de la que sólo quedan los hierros de las sillas y en la que el fuego derritió los cristales de las ventanas y acabó con lo que antes era un falso techo de escayola. Ya no existe.

A Candelaria García, de 88 años, le queda su "perrito", porque el fuego también se llevó por delante su humilde infravivienda y el cobertizo en el que guardaba 18 ovejas y unos cuantos racimos de plátanos. "Todo se ha quemado, después de una vida entera trabajando", explica la anciana en la medida en que se lo permite su profunda sordera. De las ovejas ya no queda rastro en el cobertizo (se las llevó el Seprona); sólo un enjambre de moscas verdes da fe de que allí hubo animales inertes hasta el pasado domingo. "Pero me queda el perrito", al que la anciana y su hija habían olvidado con la angustia del fuego, pero al que salvaron la vida volviendo sobre los pasos dados por la furgoneta en la que intentaban huir de las llamas. Curioso, dos vidas puestas en peligro para salvar otra vida, la de un chucho mil leches que lleva más de una década con la anciana. Muy cariñoso, eso sí. "Es tan bueno que se va con cualquiera". Por eso Candelaria dio la vuelta para buscarlo y hoy se consuela con su compañía.

Y allí, en Las Indias Distrito Fantasma por unos días, Domingo Cabrera y Álvara Domínguez, más de cincuenta años juntos y ambos bien entrados en la tercera edad, siguen buscando en el pueblo quién fue la persona que tocó a su puerta a las cinco de la mañana del 1 de agosto de 2009, cuando su casa ya ardía por dos lados.

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