PABLO CHECA
Nació en Gran Canaria, pero se considera como una más de La Palma. Siempre le gustó la asignatura más temida por la mayoría de los jóvenes, las terribles matemáticas, y cuando logró ser catedrática obtuvo su plaza en Lanzarote. Esto ocurrió hace 20 años. Desde entonces Teresa Rodríguez da clases en el instituto de Los Llanos de Aridane.
Allí, en La Palma, donde la naturaleza alcanza niveles para los que no se encuentran adjetivos, era muy feliz hasta hace tres años, cuando su hijo desapareció mientras hacía senderismo cerca de la Caldera de Taburiente. Ahora, también el monte le arrebató una de las pertenencias que más apreciaba: la huerta de su casa de Fuencaliente.
Con la voz algo quebrada muestra su alucinación por el buen estado en que quedó su casa: "No me puedo creer que se mantenga en pie. Enfrente está la gasolinera, que debe estar muy bien protegida, pues tampoco le pasó nada. Lo que sí destrozaron las llamas fue la huerta y el pajero que teníamos junto al jardín. Allí teníamos gallinas, algunos armarios, piraguas...".
"Ahora me pillan limpiando las cenizas que llegaron a la casa. Bastante poco trabajo tengo con el fuego que había alrededor", añade esta profesora.
Pese al dolor y desolación que le supone retirar cenizas y muerte en lo que antes era una fuente de vida, ha pasado por tragos peores: la desaparición de su hijo. "El fuego es una pena, pero esto sí que es una verdadera desgracia", se duele.
Si la historia de las llamas es una de las que nunca hubieses querido contar. Lo acontecido con su hijo estremece sólo con escucharlo. Esto fue lo que ocurrió: "A mi hijo le gustaba el senderismo y hace tres años y medio se fue a dar un paseo a la zona de la Caldera de Taburiente. Todavía me pregunto cuándo volverá". Todavía no hay rastro de Víctor. O sí...
"Desapareció el 8 de mayo de 2006, y la triste realidad es que las autoridades no hicieron lo que debían en su momento, cometiendo muchas irregularidades", relata con amargura esta madre. "Por muchas cartas que envié a Madrid, hasta la fecha sólo me han dicho de palabra que unos restos de un brazo que apareció al cabo de más de dos años al parecer le pertenecían. En octubre pasado recibí la única carta del juzgado en la que me dicen que cerraban el caso. Es muy triste para una madre estar en mi situación, pero ésta es la gran tragedia de mi vida que no querría para nadie".