Cerca de la entrada al pueblo de Los Canarios y bajo el taller calcinado por el fuego y sobre los pinos que prendieron como carburante, una gasolinera de nuevo cuño luce el palmito, intacta. Los vecinos del lugar no logran explicarse cómo es posible que el fuego arrasara el taller, atravesara la carretera y pasara por encima de la gasolinera sin ni siquiera tocarla, hasta contactar con el pinar que hasta el viernes lucía frondoso. Es la prueba de que el fuego voló en Fuencaliente. Sólo se detuvo en un contenedor de reciclaje de vidrio (imagen inferior izquierda) para derretirlo. Y probablemente le bastó el calor que desprendía para acabar con él y dejar más de un centenar de botellas tiradas a la salida de la estación de servicio. El resto, intacto. "No sabemos cómo ocurrió. Cuando pasamos por la carretera el sábado pensamos que la gasolinera ya no existía, pero al bajar aquí la ve usted igual que nosotros nos la encontramos", asegura una dependienta. P. G.