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El incendio maldito

"A eso de las cuatro de la mañana me subí a la azotea a fumar un cigarro y vi cómo el fuego volaba ladera abajo"

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El incendio maldito
El incendio maldito Saúl Santos.

PEDRO GUERRA. La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse". La célebre y profunda frase de Oscar Wilde desprende una enorme reflexión capaz de explicar lo que ocurrió en La Palma hace sólo una semana. La isla bonita fue un infierno. Mientras su gente dormía, ese infierno al que nadie quiere ir montó un plató terrenal en el municipio de Fuencaliente y contrató como actores a cuatro mil vecinos que huyeron dejando al azar del fuego todas sus pertenencias. En algunos casos, toda una vida de trabajo. "Que no hubiera víctimas es toda una hazaña", asegura el único analista de incendios que existe en Canarias, Federico Grillo, quien vivió en La Palma "momentos de mucha tensión".

Pasaban pocos minutos de las doce de la noche del viernes 31 de julio de 2009 cuando José Calero se dirigía a su domicilio de Los Canarios (Fuencaliente) después de ver un partido de pretemporada del CD Tenerife en Breña Alta. "Vi un incendio, sí, en Tiguerorte, pero no le presté ninguna importancia, porque lo que allí quemaba era monte bajo", asegura este agricultor, al que su mujer y su bebé de un mes esperaban en casa. "A eso de las cuatro de la mañana me subí a la azotea a fumar un cigarro y... madre mía, vi cómo el fuego volaba ladera abajo".

Es real lo que cuenta José Calero. Aunque pueda parecer una expresión fruto de la desorientación provocada por la tragedia, "es real que el fuego vuela", explica el analista de incendios. "El viento traslada trozos de madera y piñas de los pinos ardiendo que parecen bolas de fuego volando".

Fue así como se desató la alarma en Los Canarios en la madrugada del 1 de agosto. "Cogí a mi familia y la subí en el coche para irnos hasta el faro, y ya entonces todos los vecinos corrían por la carretera. Tocaban las pitas de los coches y llamaban a las puertas de las casas para avisar a los que aún dormían", explica José Calero. Los Canarios era entonces un pueblo ardiendo, literalmente.

Debajo de Los Canarios, los vecinos de Las Indias dormían plácidamente bajo el calor sofocante de la madrugada. "Eran más o menos las cinco y cuarto cuando me tocaron en la puerta", recuerda Domingo Ramírez, 81 abriles a cuestas y una camioneta aparcada en la puerta. "Cuando me asomé al balcón mi casa ya ardía por ambos lados. Me gustaría saber quién me tocó en la puerta para darle las gracias, porque me salvó la vida". Domingo despertó a su mujer, Álvara, y se subieron a la camioneta con lo puesto. Perdieron la casa entera pasto de las llamas, el negocio de venta de plátanos que tenían en la parte baja de la vivienda, y tuvieron que pasar con la camioneta por entre las llamas que cubrían la carretera. Salvaron la vida, aunque ahora duerman en un pajar de cinco metros cuadrados.

"A mí me despertó el ruido de las sirenas de los servicios de emergencia", asegura Juan Toledo, también vecino de Las Indias. La llegada de los bomberos a los pueblos costeros de Fuencaliente no sirvió para mucho, pues las llamas corrían arrastradas por unos vientos de ochenta kilómetros por hora a lo largo de una noche que se convirtió en interminable y que movilizó a cuatro mil vecinos de sus viviendas. Salieron con lo puesto. Con la luz del día, La Palma era ya una isla en llamas.
"Estábamos a expensas del viento", explica Enrique Ramírez, coordinador de los casi cien bomberos que participaban en las labores de extinción. Pero la meteorología no ayudó nada ni el sábado ni el domingo. El viento cambió de rumbo, sopló de oeste y dirigió las llamas hasta los montes de Tigalate.

"En la tarde del sábado estuvimos a punto de controlarlo, pero nos faltó un tramo en Tigalate Alto al que no pudimos llegar porque nos cogió la noche", explica Federico Grillo. Ahí en la madrugada del sábado, el más temible de los elementos alcanzó dimensiones de tragedia. "Un bombero con una manguera puede apagar llamas de dos o tres metros como máximo. El fuego tenía sesenta metros de llama en esa zona. Y no hay bombero en el mundo que pueda luchar contra eso", asegura el analista.

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