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La dura búsqueda del pinzón azul

Tras el incendio, los científicos se volcaron en el cuidado de la especia

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Crías de pinzón azul.
Crías de pinzón azul.  LP/DLP

LAPROVINCIA.ES Los científicos del Cabildo insular peinaban los límites de la reserva de Inagua y los pinares de La Cumbre y Tamadaba en busca de los pinzones azules, que se vieron obligados a 'mudarse de casa' cuando vieron cómo las llamas devoraban el que, hasta el incendio del 27 de julio de 2007, había sido su hábitat y su paraíso.

Sentado en el suelo, en la pinocha, apoya su pie derecho sobre la superficie carbonizada de un tronco de pino para evitar deslizarse por la pendiente. En su mano derecha, unos prismáticos de largo alcance. A su alrededor, un bosque herido de fuego. Ha pasado un mes y medio desde el incendio que asoló gran parte de la reserva natural de Inagua, y el paisaje tiene algo de fantasmal. El veterinario del Cabildo Insular, Pascual Calabuig, espera paciente que algún pinzón azul se pose a tomar agua de uno de los bebederos de Alsándara, montaña que fue el paraíso de esta subespecie autóctona protegida y que ahora está calcinada. Pero sólo se oye el vacío. "Esto no era así", dice el científico en voz baja. Un cuervo hace resonar su graznido, pero del pinzón azul, ni rastro. La idea de los expertos es que ha debido desplazarse y, en eso estaban los científicos, en su búsqueda.

En la casa forestal de Inagua viven, permanentemente, el alemán Joachim Hellmich, e intermitentemente los canarios Víctor Suárez y Domingo Trujillo. Los tres son expertos en el pinzón azul.

A ellos se suma Pascual Calabuig, que coordina el equipo. Antes de la catástrofe ambiental del 27 de julio tenían perfilado un informe detallado sobre la situación de este pájaro "manso, noble y confiado", pero después de la catátrofe había que replantearlo todo. "Hasta el incendio había entre 200 y 300 ejemplares, ahora no sabemos los que hay, ni dónde están", explica el veterinario, mientras llena de agua un bebedero que han preparado en el patio de la casa.

Minutos después, un herrerillo precioso juega entre las uvas de la parra de la terraza y baja a tomar un buchito. "Lo habitual era que tuviésemos unos 300 contactos con el pinzón azul al mes, pero en agosto de 2007 bajaron a unos 70", enumera el experto. De cualquier forma, ellos no perdieron la esperanza y estuvieron varias semanas prospectando con intensidad los bosques de alrededor como Tamadaba y los Pinares de La Cumbre, por si los pájaros se hubiesen trasladado hacia allí.

Con el fuego, toda la fauna y la flora se modificó. No se trata de que hayan muerto individuos, sino de que no tienen la comida, el agua y las condiciones adecuadas para su desarrollo. "Nosotros habíamos visto pollitos de pinzón azul el día antes del incendio y ahora no están, lógicamente... Son animales maravillosos".

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