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El Sahel sacude al Malí democrático

El golpe militar, aún en el aire, sorprende a Occidente, cuyas multinacionales controlan sus recursos

 17:05  
El capitán Amadu Haya Sanogo, líder de los golpistas malienses, la pasada semana en Katti, cerca de Bamako.
El capitán Amadu Haya Sanogo, líder de los golpistas malienses, la pasada semana en Katti, cerca de Bamako.  EFE

La feroz rebelión tuareg y el enseñoramiento de Al Qaeda son la primera clave del apoyo occidental al gobierno depuesto, pero también la bandera de la asonada

ANTONIO G. GONZÁLEZ En Internet hay decenas de vídeos colgados sobre los reveses del Ejército maliense frente a unas milicias tuaregs (bereberes nómadas) que el pasado enero iniciaron su enésima revuelta segregacionista en el norte del país. La virulencia de la revuelta no es ajena al acopio de armas y material bélico traído desde Libia por los miles de tuaregs que fueron a combatir con las tropas del derrocado Gadafi, que siempre los apoyó. Si bien este dato, según muchos analistas, es exagerado por Malí para deslegitimar sus reclamaciones, obviando las consecuencias letales de su precariedad material en un momento de gravísima sequía y hambruna. Y podría funcionar en la dinámica informativa occidental para justificar una intervención militar internacional a gran escala, antesala de un nuevo control foráneo del país, rico en recursos naturales, ambicionados igual por China, y estratégico para el control de Al Qaeda en el Sahel. Sea como fuere, el hecho es que en apenas dos meses los así llamados hombres azules controlan el sesenta por ciento de su territorio después de encarnizados combates contra unas fuerzas militares malienses apoyadas por tropas y fuerza aérea americanas, canadienses y francesas, que ha provocado un éxodo de doscientas mil personas hacia países vecinos (Mauritania, Níger, Burkina).

Los tuaregs, cuyo territorio habitual quedó fraccionado durante el reparto colonial y hasta la fecha entre Malí, Argelia, Níger, Burkina y Libia, han sido históricamente marginados primero por las potencias coloniales y luego por algunos gobiernos africanos, como el de Malí. Ello, a pesar de que en su región se asienta la inmensa mayoría de los recursos de los que vive hoy ese país (oro, uranio, petróleo y gas) y que explotan multinacionales occidentales sin que ello revierta en la sociedad maliense, cuyos estándares de pobreza están entre los mayores del mundo. Las sucesivas revueltas que los tuaregs han protagonizado desde los años 60, aunque en realidad desde finales del siglo XIX, han sido siempre reprimidas brutalmente. Aunque a veces la tortilla se da la vuelta. En uno de los vídeos, decenas de cadáveres de soldados malienses (subsaharianos) son contemplados amontonados por Iyad Ag Ghali, antiguo líder de la rebelión de 1990 y ahora al frente de Ansar Dine, organización minoritaria tuareg que profesa el integrismo islámico y que tiene lazos con Al Qaeda del Magreb Islámico (AGMI).

Ghali dirige en el vídeo el rezo musulmán de sus combatientes con las imprecaciones rituales, poco después del ataque a un pueblo de la región septentrional de Azawad. Pero su demanda de un nuevo país tuareg bajo la ley de la sharía produjo el martes 20 una ruptura oficial con la organización mayoritaria, el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) tras una cita de varios días en Tessalit, una de las ciudades en manos rebeldes. El MNLA tiene al integrismo islámico por enemigo y rival aunque ha habido episodios de cohabitación, como con los traficantes de drogas y armas; y, en general, los combate en su territorio, en el que ven amenazada su primacía. Como se sabe, los integristas han convertido al norte de Malí en el corazón de la industria del secuestro de occidentales en el Magreb y uno de sus refugios preferidos en el Sahel, su segundo bastión tras Afganistán/Pakistán.

Un golpe en el aire

En este contexto de frustración, que ha dado lugar a protestas violentas y masivas de familiares de soldados malienses que combaten en el frente norte contra los tuaregs, se produjo el golpe militar del pasado miércoles. Llevado a cabo por militares de bajo rango liderados por el capitán Amadu Haya Sanogo, el golpe ha sido rechazado de plano por la comunidad internacional, de Washington a Caracas. No obstante, Estados Unidos se apresuró el pasado sábado a indicar que aún no había decidido, como sí lo ha hecho la Unión Europea, suspender la ayuda financiera y militar a Malí, país al que transfiere 105 millones de euros anuales. Igualmente evitó calificar de golpe de estado a lo ocurrido, subrayando que espera que los militares golpistas den marcha atrás, ambigüedad que podría funcionar en dos direcciones. Igualmente Washington ha difundido que el capitán golpista recibió formación militar reiteradas ocasiones en EE UU.

Intervención militar

En este escenario, no pasaron 48 horas para que se produjera, el viernes 23 por la noche, una contra-ofensiva de las fuerzas leales al presidente Amadou Toumani Touré, depuesto a un mes de unas elecciones presidenciales a las que no iba a presentarse. Esta contra-ofensiva sirvió al menos para hacer visible la disención de parte del ejército con los golpistas. Pero las instituciones internacionales han derivado por ahora el protagonismo a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao), que ya en 2010 intervino militarmente en Costa de Marfil y ayudó a restablecer el juego democrático. Con apoyo expreso de la Unión Africana, Naciones Unidas y los dos principales aliados occidentales de Malí -Francia y EE UU- cinco jefes de estado, encabezados por el de Costa de Marfil, presidente de turno de la Cedeao, intentaron sin éxito aterrizar el pasado jueves en Bamako. Cientos de manifestantes progolpistas tomaron las pistas del aeropuerto después de atacar a una marcha de opositores. Los mandatarios africanos tenían previsto entrevistarse con el capitán Sanogo y su mensaje era claro: O devolvía el poder de inmediato o se plantearán la intervención de los ejércitos vecinos. Se trataría de un combinado de las fuerzas armadas de Nigeria, Burkina, Liberia, Níger y Benin, además de la de Costa de Marfil, un poder militar imposible de enfrentar por Malí. Este viernes le dieron 72 horas. Pero Sanogo se ha limitado a pedir ayuda ante la conquista de la estratégica ciudad de Kali por los tuareg y a permitir hace días el acceso del depuesto presidente a la prensa gala, a la que dijo que estaba "en libertad dentro del país". Desde 1991 no había habido asonadas golpistas en Mali. Y aquella vez fue para acabar con un régimen dictatorial, el de Moussa Traoré, aún en la cárcel por multitud de asesinatos y corrupción. La desestabilización del Sahel, acrecentada por la del norte de África tras la primavera árabe, comienza a pasar factura.

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