El Hierro, pasión
adolescente
CIRA MOROTE MEDINA
El Hierro está
en su etapa adolescente. Al contrario que sus
vecinas
orientales, que ya atraviesan su fase de desmantelamiento, esta
jovencita impetuosa está en los inicios de su vida geológica.
Si
Lanzarote y Fuerteventura, las primeras en surgir de las vetas de fuego
de la placa africana, cuentan 11 y 20 millones de años,
respectivamente, El Hierro sólo acumula 1,2 millones. Nada, una
adolescente. Lo está demostrando estas últimas semanas, su actividad
bulle a 15 kilómetros de profundidad y ha puesto su semáforo volcánico
en alerta amarilla. Pero,
¿cómo ha crecido? ¿Cómo han sido sus
erupciones anteriores? Conocer su pasado es vital para
comprender cómo
se puede comportar en el futuro.
"Es la que está más
activa junto a La Palma. Para que se haga una idea,
en los últimos 11.000 años, lo que llamamos Holoceno, se han registrado
dos erupciones en Lanzarote, 20 en Gran Canaria y 50 en El Hierro,
lo
que da una idea del nivel de actividad en el que se encuentra", explica
Francisco Pérez Torrado, catedrático de Geología de la Universidad de
Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), que tiene desde hace dos años un
proyecto que estudia el volcanismo de la isla del Meridiano.
La última erupción
datada, que no es lo mismo que la última en
producirse, se remonta a hace 2.500 años, y tuvo lugar en
Montaña
Chamuscada, donde se observaron varios episodios que formaron una serie
de conos volcánicos, una alineación de montes. "En algunas
publicaciones se habla de que la última se localizó en Lomo Negro, y
que fue consecuencia de la crisis sísmica de 1790, pero, con los datos
que hemos podido recabar, es prácticamente imposible que se haya
materializado", aclara el científico.
Estos días se ha ido informando de la trayectoria de la lengua de magma
en la que flota la Isla. Ese material viscoso es la clave. Por ahora no
tiene acumulada la energía suficiente para aflorar, a juzgar por las
escasas magnitudes de los seísmos, pero, sobre todo, por
las enormes
profundidades a las que se están dando.
Las erupciones en
Canarias son de tipo estromboliano, como la del
Teneguía (La Palma, 1971). Se llaman estrombolianas por el volcán
italiano Stromboli y se caracterizan por ser erupciones explosivas,
con
periodos de calma, que forman edificios (montes) considerables. No es
lo mismo que las erupciones hawaianas, donde el magma es más líquido
y
forma montañas de pendiente suave. Ni como las vulcanianas, donde la
mayor viscosidad del material eruptivo se acumula en la boca del volcán
hasta que explota violentamente. Como el corcho de una botella de
champán. Son las más
explosivas y hay ejemplos como el del Vulcano, en
las islas Lípari, también en Italia.
Además de la lava, las
erupciones estrombolianas se convierten en
surtidores de bombas volcánicas, lapilli, cenizas y escorias que se
lanzan a las faldas del volcán o ruedan por su pendiente.
En Canarias
pueden ser más explosivas, pero sólo si el magma entra en contacto con
el nivel freático, como ocurrió en Bandama (Gran Canaria).
En El Hierro, las opciones están abiertas. El magma puede seguir
empujando, pero, en anteriores ocasiones, ha aflorado a la superficie
cuando la sismicidad estaba a unos 3.000 o 4.000 metros, no a 15
kilómetros, como ahora. En
un estudio realizado en Finlandia, se
concluyó que de cada 10.000 inyecciones de magma, sólo 10 salían al
exterior. Otras forman lo que se denominan diques, que es
lava
solidificada que la erosión destapa con los años.
Lo cierto es que hay
mucho que investigar, porque aunque el
Archipiélago es el segundo mejor estudiado en superficie,
es aún un
desconocido en el subsuelo. Mientras en Hawái, donde llevan 60 años de
ventaja tecnológica, se conoce al minuto el volumen de magma, su
profundidad, su forma, etc, en las Islas se respira cierta sensación de
incertidumbre. Habrá que esperar.