Crónica
de una erupción anunciada
JUAN CARLOS
CARRACEDO / Vulcanólogo
En la madrugada del 10
de octubre de 2011 cesaron bruscamente
los terremotos que venían ocurriendo en El Hierro desde
mediados de
julio, registrados con gran precisión por el Instituto Geográfico
Nacional (IGN). Los
temblores fueron sustituidos por tremor volcánico,
una señal sísmica de muy largo periodo, característica del paso de
magma por un conducto eruptivo.
A media mañana comenzaron a difundirse noticias sobre una
posible erupción submarina a 8-10 kilómetros al sur de la
isla y a unos
1.000 metros de profundidad, aún por confirmar
definitivamente.
Esta erupción submarina habrá
sido la culminación de un
proceso de casi tres meses, cuando una bolsa de magma se
emplazó en la
base de la corteza oceánica. Desde entonces emigró hacia el sur
manteniendo la profundidad hipocentral, buscando una zona propicia para
salir a la superficie. En esa migración conectó finalmente con una de
las dorsales de la isla, la Dorsal Sur, que tiene una
espectacular
prolongación submarina de unos 40 kilómetros de longitud, alcanzando
3.200 metros de profundidad.
Esta dorsal o
rift submarino, donde se han localizado buena
parte de las erupciones recientes de El Hierro, constituye una zona de
mayor debilidad cortical, por las inyecciones de magma asociadas a
erupciones previas y, posiblemente,
la permanencia de una "memoria
térmica", lo que habría permitido, finalmente, la
relativamente rápida
salida del magma a la superficie, en este caso en el flanco del rift
submarino.
El Hierro, con
poco más de un millón de años, es la isla más
joven de las Canarias. Situada, junto a la vecina isla de
La Palma, en
el extremo occidental del archipiélago, descansa sobre un fondo
oceánico de entre 3.500 y 4.000 metros de profundidad.
Una erupción
submarina no es excepcional en islas oceánicas
como las Canarias, sino todo lo contrario; abundan más las
erupciones
submarinas que las subaéreas, hecho por otra parte lógico teniendo en
cuenta que la parte
submarina de estas islas supone alrededor de un 90%
del volumen total.
A pesar de ser
la isla más joven de Canarias, El Hierro no
tiene volcanismo histórico, que sí existe en La Palma, Tenerife e
incluso Lanzarote. En
1793 terremotos de considerable magnitud
sacudieron la isla de El Hierro entre el 27 de marzo y el 15 de junio,
provocando gran temor en la población.
Temiéndose una
gran catástrofe (una erupción volcánica), se
llegó incluso a elaborar el primer plan de evacuación de una isla en la
historia de Canarias, que comprendía medidas para la protección de la
población. Los temblores de mayor intensidad se registraron en la zona
de El Golfo y se extendieron luego a toda la isla. A partir del 8 de
mayo fueron de tal intensidad que la población abandonó sus casas y
dormía al raso. Todos esperaban de un momento a otro una gran erupción
volcánica. El epicentro volvió a localizarse en El Golfo a
partir del
15 de junio, produciéndose desplomes y afectando a algunas casas.
Finalmente fueron
decreciendo en intensidad hasta desaparecer y volver
la isla a la normalidad, sin que se llegara a producir la
temida
erupción, o ésta fue submarina y sin otra consecuencia apreciable que
los terremotos.
La crónica de
Dacio Darias Padrón (1929), donde aparece el
relato de esta crisis sísmica de El Hierro, no alude a una erupción,
sino más bien al contrario, al indicar claramente que las medidas
planificadas se hubieran implementado "si el vulcanismo hubiera
destruido la isla azotada", sugiriendo que la erupción no
llegó a
producirse.
Si observamos la pauta seguida por los terremotos, la mayoría
insignificantes por su riesgo, pero muy útiles para seguir la evolución
del fenómeno, vemos que se localizan inicialmente al norte de la isla y
en la cuenca de El Golfo. Posteriormente, aumentan paulatinamente su
magnitud al tiempo que emigran hacia el sur, emplazándose en la zona de
El Julan y el mar de Las Calmas, con una tendencia a
desviarse aún más
hacia mar adentro y hacia la Dorsal Sur.
Más ilustrativa
aún es la visión de la profundidad de estos
terremotos. Teniendo en cuenta que la base de la corteza
oceánica está
a una profundidad de unos 10-12 kilómetros, la mayoría de los
epicentros se concentra inicialmente en esa interfase, sin acercarse
hacia la superficie. Por
el contrario, con el paso del tiempo los focos
sísmicos ganan en profundidad y se desplazan lateralmente en dirección
sur.
Este comportamiento parece sugerir que la bolsa de magma, más
ligero que el material del manto, asciende y choca con la base de la
corteza oceánica, donde se acumula y expande en forma de cabeza de
champiñón. Este fenómeno
puede ser debido al contraste de densidad
existente entre el manto y la corteza, de forma que el magma surgido en
el manto queda atrapado en la base de la corteza oceánica
(discontinuidad de
Mohorovicic), ya que ésta presenta una densidad
similar o ligeramente inferior a la suya.
La subsiguiente presión ascendente del magma abomba la
corteza generando los sismos y provocando la hinchazón en la superficie
de la isla medida con GPS y que ha rondado los 40 milímetros en la
vertical.
Si esta erupción se
confirma con las características que se han
mencionado (y todo parece indicar que así será), se habrá ceñido como
un guante a las previsiones científicas. Se produce en la
isla más
joven, actualmente en la vertical de la anomalía térmica del manto que
ha generado el archipiélago, correspondiendo la mayor probabilidad de
ocurrencia a las islas de El Hierro y La Palma. Es submarina, lo que
está en consonancia con el mayor volumen submarino de las islas, y se
ha localizado en uno de los rifts activos, estructuras de enorme
interés volcanológico porque estructuran y dan forma a las islas,
concentran las erupciones y, por tanto, el riesgo eruptivo, y son
responsables, en escalas de cientos de miles de años, de provocar
deslizamientos gravitatorios masivos, de los cuales el más
reciente en
el archipiélago es precisamente el que ha formado la escarpadura de El
Golfo, de 1.400 metros de corte vertical, ocurrido hace unos
100.000 años.
EL ARTÍCULO ESTÁ FIRMADO POR LOS VULCANÓLOGOS JUAN CARLOS
CARRACEDO, JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ TURIEL, FRANCISCO JOSÉ PÉREZ
TORRADO,
ALEJANDRO RODRÍGUEZ-GONZÁLEZ, VALENTÍN TROLL Y SEBASTIAN WIESMAIER.