La explosiva línea de 100 metros
CIRA MOROTE MEDINA
El magma del volcán de El Hierro camina por una especie de
dique hacia
la costa de La Restinga. Al menos, era así hasta el cierre de esta
edición. Los sismógrafos notaron el avance y las autoridades decidieron
que era el momento de resguardar a la población ante un posible evento
volcánico más cercano de lo previsto con los datos del lunes. Pero,
¿qué podría pasar? ¿Cómo
sería esa erupción? El escenario hace que se
vislumbren distintas hipótesis. La clave está en la
profundidad a la
que se produzca. Si es a 100 metros: explosión.
"Cada segundo, de cada
minuto, de cada hora, en el planeta se están
produciendo erupciones submarinas. De hecho, la dorsal
atlántica, que
es una cordillera sumergida de miles de kilómetros de longitud, arroja
materiales constantemente", señala el catedrático de Geología de la
ULPGC Francisco Pérez Torrado.
Hasta el pasado lunes, el
riesgo se había desplazado a siete kilómetros
de la línea de costa, al sur de la isla. Los tremores, que
son
movimientos sísmicos asociados al magma, indicaban que la erupción
estaba en marcha. Los
materiales eruptivos ya habían encontrado una
salida tras serpentear por la isla, incluida su parte
sumergida, desde
hace meses. Hasta ese momento, el volcán submarino era muy difícil de
localizar con precisión, puesto que se encontraba a más de 1.000 metros
de profundidad. "Para
que un volcán submarino se aprecie desde la
superficie tiene que estar en torno a 100 metros de profundidad",
agrega el científico.
El primer volcán
submarino al sur de La Restinga fue ubicado a unos
1.200 metros de profundidad, lo que lo hace absolutamente
imperceptible
y, por supuesto, inofensivo para la población. Pérez Torrado asegura
que "la presión hidrostática que ejerce una columna de agua de más de
un kilómetro de longitud absorbe las posibles burbujas y el calor que
pueda emitir el volcán".
A esa profundidad se
observa un fenómeno espectacular, las llamadas
lavas almohadilladas. "En cuanto el magma entra en
contacto con el
agua, la gran presión hace que adquieran una forma redondeada",
describe el experto.
Pero la actividad se está desplazando, según las últimas informaciones,
y eso puede cambiar el panorama. El equipo de investigación de Pérez
Torrado lleva dos años analizando el volcanismo de lo que se llama el
edificio de El Hierro, que incluye la parte emergida y la sumergida. De
este modo, han medido la batimetría, que no es otra cosa que el estudio
de las profundidades de la Isla. A siete kilómetros de la línea de
costa, la profundidad es de más de 1.000 metros. Pero es menor cuanto
más se acerca a la orilla. La cuestión ahora sería saber dónde está esa
segunda boca. "Si las
autoridades han decidido evacuar a la población
es que tienen indicios de que el magma está cerca", indica Pérez
Torrado.
Si la erupción submarina
se produjera a 100 metros de profundidad, es
decir, a 300 metros de la línea de costa, "sería explosiva",
adelanta
el experto. Es Física pura. "Si echas un vasito de agua sobre un litro
de aceite hirviendo sólo expulsa vapor. Si echas 100 litros, el aceite
se enfría. Pero si son tres litros de agua sobre un litro de aceite en
ebullición, se forman una especie de perdigones que salen disparados.
Es lo que pasa en una erupción submarina a esta profundidad. El magma
explota a cien metros, luego construye el edificio, cosa que puede
hacer en cuestión de días, y cuando está a sólo cinco o diez metros de
emerger, se forma una columna de piroclastos, que son esos perdigones
de piedra que se expulsan violentamente", detalla Pérez Torrado.
Eso sí, una vez que el
volcán sale a la superficie del mar, la erupción
se suaviza. "Ya ha pasado la fase hidromagmática y la
composición de
los materiales hace que el volcanismo de las islas sea tranquilo, como
fue el Teneguía", aclara el catedrático, que quiere dejar claro que "no
se trata de una nueva isla del Archipiélago, porque pertenece al
edificio de El Hierro". 100 metros. Esa es la cuestión.