El volcán en cinco pasos
CIRA MOROTE MEDINA
La Tierra
habla. Todos los días. Está viva y se mueve. Más en unas islas
volcánicas como las Canarias. El corazón del Archipiélago está hecho de
fuego, los materiales del manto viscoso en el que flotan los
continentes suben de vez en cuando a la superficie para recordar a los
seres humanos lo pequeños que son frente a la naturaleza. Pero, ¿cómo
nace y se desarrolla un volcán? El proceso es fascinante.
1)
El origen.
El planeta está formado por capas concéntricas que parten del núcleo
hasta la superficie, como si de una cebolla se tratara. La capa más
superficial es la corteza y es en la que se apoyan los continentes y
los océanos. La corteza, dividida como una especie de puzle en lo que
se llaman placas tectónicas, flota sobre la siguiente capa, el manto,
donde está el magma, un mar de materiales incandescentes que tienen
todo el protagonismo en una erupción. El magma, entre otras cosas para
enfriar el planeta, busca emerger a la superficie. En su ascenso se
encapsula en las cámaras magmáticas, donde acumula presión hasta que
tiene que salir.
2)
El ascenso.
Cuando la presión es la suficiente, el magma busca una vía de ascenso
por lo que se llama la chimenea, un conducto vertical por el que
asciende. En este momento, los sismógrafos ya no captan los sismos que
preceden a la erupción, sino los tremores, movimientos asociados al
magma, que son el anuncio de la salida de los materiales. El
volcanólogo del CSIC Juan Carlos Carracedo pone un ejemplo muy
ilustrativo de lo que son los famosos tremores. "Es como cuando usted
pone el oído en una tubería por la que sube agua". El magma puede
encontrar otros conductos de salida, otras grietas cuya huella quedará
en las faldas del volcán en forma de pequeños conos.
3)
Los gases.
Las erupciones generan fundamentalmente tres tipos de productos, que
salen por la boca o cráter. Las primeras que afloran a la superficie
son las emanaciones gaseosas, es decir, la fase volátil del magma que
se escapa a la atmósfera o al mar si la erupción es submarina. Estas
emanaciones están constituidas fundamentalmente por H2O, CO2 y otros
gases, entre los que están los gases sulfurosos, responsables, en el
caso de El Hierro, del color verdoso que ha adquirido la mancha del Mar
de las Calmas. El olor a azufre alertó a muchos habitantes de La Palma
de la erupción del Teneguía, y está marcando las últimas horas del
volcán que se está gestando en la Isla del Meridiano.
4)
La lava.
Hasta el momento de la salida, todos los tipos de volcanes se comportan
de manera semejante, cambiando simplemente la viscosidad de los
materiales y los gases que los acompañan. Pero no pasa lo mismo si la
erupción es submarina que si se produce en tierra, lo que se llama una
erupción subaérea. En el caso de El Hierro, se pueden dar los dos
escenarios, puesto que la fisura que ha dado paso al magma en el mar,
se encamina hacia tierra. Eso sí, todos coinciden en que cuando el
magma aflora, ya no se llama magma, sino lava. En una erupción
submarina, como ya ha explicado este periódico, tiene mucha importancia
la profundidad a la que se desarrolle. A mil metros, la presión tiende
a almohadillar las lavas, que se quedan como una ristra de chorizos de
Teror de piedra, absolutamente inofensiva. A cien metros, la
combinación del agua y la lava provoca una fuerte explosión. En el caso
de una erupción en tierra, las lavas se precipitan por la falda de la
montaña, aunque con diferencias según la composición de los materiales.
En Canarias, el paisaje está dibujado por las coladas de lava, que han
dejado su rastro como lenguas de piedra que recuerdan el pasado
geológico de las Islas. En el Archipiélago el volcanismo es tranquilo,
casi turístico, como demuestra el ejemplo del Teneguía, en La Palma, el
año 1971. Eso se debe a la composición de sus lavas. Las más fluidas
son las que forman edificios de pendiente suave y no son nada
explosivas. Las más viscosas son altamente explosivas, porque se
acumulan como el tapón de una botella hasta que la presión las hace
saltar por los aires. El caso canario es un ejemplo intermedio, es el
llamado volcanismo estromboliano. Las lavas se deslizan por las faldas
a un ritmo lento y no ocupan tanta extensión como ocurre con las lavas
más fluidas, las de los volcanes de Hawai, por ejemplo.
5)
Los piroclastos.
Son originados por la proyección al aire de fragmentos de lava fundida
de diverso tamaño, arrojados con trayectorias balísticas en
fases
explosivas. En caso de un volcán submarino, los piroclastos se dan en
el que se genera a cien metros de profundidad, una vez ha construido el
edificio y está a diez metros de la superficie. En ese momento, lanza
estos proyectiles de piedra que tienen distintos tamaños. Los
materiales piroclásticos son muy abundantes en las erupciones
estrombolianas canarias. Tienen distintos nombres según sus tamaños.
Por orden de menor a menor, las cenizas (2 milímetros), el lapilli o
picón (de 2 a 64 milímetros) y las bombas o escorias (mayores de 64
milímetros).
Si, finalmente, el volcán herreño se hace visible,
será una oportunidad única de disfrutar de una clase de geología
gratis.