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A LA INTEMPERIE

Se acabó

Cuántos sufrimientos se ahorrarían las parejas en trance de disolución si se dieran cuenta de que ya no se quieren

 

JUAN JOSÉ MILLÁS LAPROVINCIA@EPI.ES El mejor eslogan del 15M es aquél que dice: "No es la crisis, es que ya no te quiero". Lo descubrí con asombro el otro día, en una pancarta que llevaba una chica con la melena desordenada, como si hubiera pasado mala noche. Observando detenidamente el rostro de la joven, daba la impresión de que aprovechaba un acontecimiento colectivo para resolver un asunto personal. Quiero decir que con aquella pancarta parecía dirigirse a su novio más que a las autoridades. No es la crisis, es que ya no te quiero. Me dieron ganas de acercarme a ella, para interesarme por su vida sentimental, pero me corté. En todo caso, esa mezcla de lo privado con lo público, o viceversa, me conmovió.

Pero me conmovió sobre todo la capacidad del eslogan para zanjar la discusión. No es la crisis, es que ya no te quiero. Cuántas parejas pierden media vida discutiendo sobre si esto o sobre lo otro, cuando lo único que les ocurre es que se les murió el amor, como diría Julio Iglesias o alguno de sus epígonos. No es que seas así, o asá, no es que te dejes abierto el gas por las noches, o que llegues siempre tarde, o que dejes la tapa del retrete levantada, es que ya no te quiero. Cuántos sufrimientos se ahorrarían las parejas en trance de disolución y los matrimonios a punto de divorciarse si se dieran cuenta de que ya no se quieren.

-Es que yo no te quiero.

-De modo que era eso.

Pero lo genial, con todo, es la traslación de esa frase doméstica, pronunciada en la intimidad de la alcoba o en la extimidad de la cocina, al sector público. Imaginemos una manifestación de miles y miles de personas, cuya cabecera estuviera presidida por una gigantesca pancarta con esa leyenda: NO ES LA CRISIS, ES QUE YA NO TE QUIERO. Es que esto se ha acabado, amigos, es que esta forma de hacer política ya no nos pone ni nos despone. Es que se ha terminado ya de discutir quién friega los cacharros después de la cena o quién lleva a los niños al colegio. Es que ya no nos hablen más de los mercados ni de la prima de riesgo ni de la deuda de Castilla la Mancha. Es que ya no te quiero, tío, tía, gobierno, oposición, es que necesitamos aires nuevos. Es que ha finiquitado un modo de hacer política y de concebir la economía.

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