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A LIMINE

Hambre: no es la sequía, es el sistema

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PILAR CÁCERES LAPROVINCIA@EPI.ES Los somalíes se enfrentan a una hambruna generalizada que compromete la vida de varios millones de personas, según dicen, causada por una severa sequía. Pero existe una amplia evidencia de la intervención extranjera con inmorales intereses. Somalia se mantuvo autosuficiente en alimentos hasta finales de 1970 a pesar de las sequías recurrentes. A partir de la década de 1980, la economía nacional se desestabilizó y la agricultura de alimentos fue destruida por la intervención del FMI y del Banco Mundial que impusieron una política de ajuste estructural (con privatizaciones masivas) que en diez años sentó las bases para la transición del país hacia la transmutación económica y el caos, como escenario previo a la guerra civil de 1991, patrocinada por los EEUU. Los norteamericanos habían ya situado a cuatro de sus multinacionales (Conoco, Amoco, Chevron y Philips) para saquear la riqueza petrolera del país a lo largo de decenas de millones de hectáreas de las zonas rurales, disfrazando la intervención militar por misión humanitaria.

El hambre existe, no por la escasez de alimentos, sino porque grupos económicos multinacionales elaboran una estructura de exceso de oferta, con objeto de aumentar precios, que mina la seguridad alimentaria y destruye las agriculturas nacionales. Esta demasía provocada, fuertemente regulada y controlada por los agro-negocios internacionales, es en última instancia lo que conduce al estancamiento de la producción y el consumo de alimentos básicos esenciales y el empobrecimiento de los agricultores en todo el mundo, singularmente en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Por otra parte, el programa del FMI y del Banco Mundial de ajuste estructural tiene una relación directa con el proceso de formación y extensión del hambre, ya sea urbana o rural. Tal comportamiento criminal, perseguible por el derecho internacional, se contempla en el art. II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1946, por el "sometimiento intencional del grupo humano a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial".

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