PILAR CÁCERES LAPROVINCIA@EPI.ES
Botín, con los bolsillos llenos, señala a los políticos como culpables de la crisis. Mientras, con dinero público, se sufraga la prejubilación a los 57 años de un ejecutivo de banca, que supone el 95% de sus ingresos anuales netos (240.000 euros) en una Comunidad con más 600.000 personas en el umbral de la pobreza. Recortes exagerados en cultura, pero tendremos reedición en la televisión pública autonómica de La Revoltosa, y no precisamente la de Ruperto Chapí.
En el Estado se reforma la enseñanza, sustituyendo la asignatura "Educación para la Ciudadanía" por "Educación cívica y constitucional". El problema es cómo entiende el civismo y la Constitución la derecha española, porque, por un lado, niegan ser herederos del franquismo, y , por el otro, sientan en el banquillo a un juez por perseguir los delitos de lesa humanidad de una dictadura que sigue impune en la historia; ¿civismo por eliminar el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo?, ¿encubrir la cadena perpetua con la frase "permanente revisable"?, ¿Constitución reformada sin consulta ciudadana y ninguneando ese contenido que permite al Estado desarrollar políticas sociales alternativas a las neoliberales? Según la EPA hay en España cerca de cinco millones y medio de parados, pero se pretende una enésima reforma laboral a la carta de las grandes empresas que podrán despedir más fácil y barato. La Vicepresidenta anuncia reformas profundas y decisivas -que según Rajoy le costarán una huelga general-, para supuestamente sacar a España de la crisis. ¿A qué España se refiere?, ¿a la bursátil?, ¿a la financiera? No parece la España de los desahucios, la del mayor desempleo de toda la UE, la que no entiende por qué el FMI, BCE, y Dios sabe cuántos poderes más, deciden por los ciudadanos imponiendo sus intereses elitistas. Sigue habiendo dos Españas, pero esta vez no las separa solamente la ideología, también las diferencias económicas y sociales (una en paraísos fiscales y la otra padeciendo penurias). Con el mundo al revés se oculta la realidad ciudadana y se esconden también sospechosos intereses que pretenden perpetuar la decadencia en todos sus sentidos.