JESÚS VILLAR
Para que crean que eres un entendido no basta hablar del aumento imparable del desempleo en España o de la deuda pública de los países del sur de Europa (países "cerdos", del término inglés pigs, un acrónimo malintencionado formado por las iniciales de Portugal, Italia (e Irlanda), Grecia, España -Spain-). Lo de una Europa a dos velocidades o de los intereses de China en África suena cansino. En realidad de lo que hay que hablar es de que Europa y los países del Atlántico están siendo superados por los países que baña el océano Pacífico. Los indicadores de que la economía del eje Pacífico se ha impuesto al eje Atlántico son claros: poder, liquidez financiera, mayor nivel educativo, mejor formación profesional, dominio de idiomas, conexiones globales e innovación tecnológica. Como predijo Jacques Attali en 1991, la economía actual se mueve teniendo como coordenadas a Tokio, Shanghái, Singapur, Bombay, Malasia, Taiwán, Corea del Sur, Vietnam, Indonesia, EE UU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Y mientras tanto, seguimos creyendo en la supuesta importancia estratégica del eje París-Berlín mientras vemos cómo lentamente España es arrojada al grupo de países del montón.
Antes de un lustro, España será un país sumergente, un concepto todavía sin definir y acuñado por la periodista Vicky Vilches, que es opuesto a lo que fuimos en las últimas dos décadas del siglo XX. La crisis económica nos ha devuelto al siglo XIX: por un lado están los ricos que son cada vez más ricos, y por debajo estamos los millones de nosotros, el nuevo proletariado formado por trabajadores medio-pobres y pobres con una creciente inseguridad laboral o sin esperanza. ¿Qué futuro espera a un país que tiene una población y extensión similar a la que tiene California pero con millones de ciudadanos que siguen malgastando el tiempo de la historia en la falacia de ser una república bananera de 17 "naciones", cuyos ciudadanos y dirigentes no solo no quieren tener una lengua común, sino que no hablan al menos una lengua europea, que tiene más universidades que toda Alemania y Francia juntas, con una administración pública casi del tamaño de EE UU, con uno de los peores índices de fracaso escolar en el mundo desarrollado, con la mitad de su juventud sin trabajo y con una organización empresarial ineficiente? No sé si volveremos a la peseta, pero es muy probable que viviremos en condiciones tan precarias que recurriremos a las economías del Pacífico para sobrevivir. Muchos españoles formarán parte de las masas de nómadas que se trasladarán a esos países, algunos de los cuales tienen el español como idioma.
Nuestros dirigentes tuvieron la oportunidad de crear prosperidad pero dejamos que los mediocres dirigieran el rumbo hacia el futuro. Ahora naufragamos. Así es como hemos llegado a tener partidos políticos y sindicatos sin descendencia, que han funcionado como agencias de colocación, y que han sido casi siempre la voz de sí mismos y pocas veces la voz del pueblo. Ahora que están de moda los ERE (siglas para expediente de regulación de empleo), habría que hacer un "ere" para despedir a más de la mitad de los que conforman la actual clase política española. Pero en ese naufragio, los políticos españoles no han estado solos; han sido asistidos por la mayoría de banqueros de este país que dieron 300.000 millones (sí, léanlo bien, trescientos mil millones) de euros (multiplicados por 167 pesetas da una cifra escandalosa y prohibitiva) a insolventes que no podían pagar sus préstamos e hipotecas mientras les engañaban con pertenecer al paraíso de los ricos que lo son por cuna o por condición.
Estamos en una situación parecida a la España de 1634, cuando el rey de España envió su poderosa Armada para defender a sus primos los Habsburgo durante la Guerra de los Treinta Años. La infantería y los generales españoles eran de primera clase, su despliegue por los Alpes y el Rin fue muy profesional. Ninguna otra nación europea podía igualarse en aquella época, pero sufría una deuda masiva, su industria era ineficiente y dependía de fabricantes extranjeros. La suspensión de los intereses de la deuda en 1640 y la declaración de bancarrota de España evidenciaron el declive del poder español. George Santayana, un español formado en EE UU, que fue profesor de la Universidad de Harvard, dijo que "aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo" en su obra La vida de la razón o fases del progreso humano. Yo digo: "Aquellos que nos han fastidiado el presente y nos han robado el futuro deberían ser condenados a pagar por ello". Buen día y hasta luego.