JUANJO JIMÉNEZ
Desde que Rajoy habita entre nosotros las relaciones Canarias-Estado son las de un matrimonio en trámite de divorcio sin acuerdo entre las partes.
La política de ambos gobiernos se resume en el verbo 'advertir', preferentemente en su cuarta acepción, la de "avisar con amenazas". Ejemplo: José Miguel Pérez advierte a Soria de que Canarias no es en una finca privada. Soria advierte que no habrá prórroga para alegar a las prospecciones, y también Paulino Rivero advierte de que la competencia para sacar petróleo es de Canarias, o advierte de que el mojo cochino es un plato nacional.
Esto estaría muy bien para un partido de ping pong pero no para gobernar una autonomía que bate todos los récords del desastre nacional, una región en la que el número de personas en riesgo de exclusión social era de 734.000 según la última estadística disponible de 2010, una población al borde de la pobreza que abarca al 35,3 por ciento de los canarios, ¡once puntos más que la media nacional!
Hacerse el gallito del corral podría dar el pego en el Telecanarias, pero lo que necesitamos ahora son gallinas, unas muy buenas gallinas que saquen al granjero de pobre poniendo unos huevos de cojones.