PEDRO DE SILVA LAPROVINCIA@EPI.ES
Hay en el Carnaval algo de bisagra, de puerta que se abre o se cierra, según se mire. Aunque en el Carnaval aún está el invierno, a veces pletórico, se le ve ya con ganas de irse y el sentimiento de estar como de sobra. Por su parte, la primavera aún no ha llegado (flores del eléboro, mimosas y cigüeñas no bastan para proclamarla), pero está presente bajo la forma más sugestiva de existencia: la de las vísperas. Del Carnaval genuino queda ya poco, porque se le ha vaciado de su naturaleza carnal, y no por la vía de la prohibición, sino por la de la desestacionalización. Habiendo carne todo el año, incluida Cuaresma, el Carnaval no sirve ya como paréntesis para el libertinaje, sólo nos queda de él una memoria histórica. Pero entre vísperas, memoria y fechas con las que sujetar el año al bastidor, nos las vamos arreglando para empujar los días y darle un dibujo al punto de cruz.