JUANJO JIMÉNEZ
CONTRESJOTAS@GMAIL.COM
Lo bonito de la crisis es que le abre a uno los ojos como chernes. Cuando la vaca estaba gorda, rezumando leche de haíta que andaba, la vida era una verdadera gilipollez. Todo el sistema se apoyaba en comprar. Aunque no hiciera falta. Una amiga mía ha descubierto medias cojonudas sin estrenar en una gaveta olvidada. Asegura que las compraba porque... porque las compraba, no más. No sabía exactamente para qué coño fue a adquirir medias y más medias. Pero gracias a este hipnotismo colectivo, el MERCADO nos dejaba andar por el planeta alegremente sin echarnos a Merkel, la contemporánea mujer del saco de toda la vida. A otro compadre, el hipnotismo le condicionó a lo audiovisual. Usted entraba en su casa y ya en el zaguán había una tele. En el esquinero, un monitor automático pasaba las fotos de sus vacaciones. En el baño una HD especial antivaho, para deposicionar con Pepe Benavente, y en el cuarto de estar, bueno, en el cuarto de estar este muchacho había instalado la sala ocho del Multicine Monopol. Gracias a este otro amigo, bancos y gobiernos iban viento en popa, lo que indica que hasta antier mismo éramos un poco tontos del culo, ¿o no?
Si todo lo que nos pase es poco.