PEDRO HERNÁNDEZ LAPROVINCIA@EPI.ES
En 1984 el escritor grancanario Víctor Ramírez publicó Nos dejaron el muerto, una novela que giraba en torno al velatorio de un cadáver en una casa del que nadie quería ocuparse y de una época y unos personajes que reflejaban una Canarias que parecía habíamos dejado atrás hace mucho tiempo: caciquil, atrasada. Pero no, hete aquí que la realidad supera la ficción y este lunes, o sea, en pleno siglo XXI, en el barrio teldense de El Calero, el cuerpo inerte de uno de sus vecinos, un cubano de 53 años, permaneció un día entero colocado en la cama de su piso y refrescado por dos ventiladores porque nadie quiso saber nada de su traslado. La tía del difunto, por falta de dinero, no podía pagar el entierro y desde el Ayuntamiento tampoco estaban por la labor, será cuestión de los cacareados recortes. Hace semanas, Telde saltó a los medios no precisamente por ganar premios millonarios en los sorteos de la Onlae, sino porque a un munícipe se le ocurrió recordar el cobro del recibo quinquenal de alquiler de nichos a los deudos de los finados colocando el aviso en las lápidas. Ahora, este episodio, casi escatológico, más que un libro recuerda a una película: La muerte tenía un precio.