Reflexión

Una buena televisión que se apaga

21.07.2013 | 02:10

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El 31 de julio concluyen las emisiones de Nueve TV Las Arenas

Es como un doloroso parte de guerra, en el que cada día hay que anotar nuevas bajas. El bombardeo de esta demoledora crisis económica está destruyendo muchos proyectos de progreso personal y profesional, pero también está derrumbando buena parte de los edificios empresariales que nos proporcionaban, además de trabajo a nosotros los periodistas, el innato deseo colectivo de saber y estar informados. La miseria que trae esta crisis no sólo es material, también es espiritual e intelectual. Cuando un medio de comunicación echa el cierre, el espacio de libertad se reduce, y la democracia se empobrece aún más.

La nueva lápida de ese cementerio que alberga a las víctimas del naufragio de la comunicación es para Nueve Radiotelevisión Las Arenas. En su epitafio puede escribirse con todo merecimiento que fue, sin duda, la mejor y más solvente televisión local privada que se ha hecho en Canarias, y una de las mejores de toda España. Fue un empeño personal de los Hermanos Domínguez, dos empresarios siempre inquietos surgidos del mundo de la alimentación y la distribución, que también quisieron tener una televisión y nunca tuvieron que avergonzarse por lo que en ella podía verse.

14 fructíferos años

El canal ha anunciado que se va a negro este próximo 31 de julio. Acaban así, de esta triste forma, 14 años de fructífera creación periodística y audiovisual. Además de lamentarlo, es el momento de hacer justicia y reconocer su contribución a la calidad, la pluralidad y la creatividad de la sociedad canaria, a la que sirvió de forma honesta y eficaz. Es una verdadera pena que un proyecto de esa solvencia profesional acabe en la misma cuneta de la inviabilidad económica en la que tantos esfuerzos individuales y empeños empresariales han ido a morir.

Es la hora de reconocer también que no siempre ocurrió lo mismo con otros muchos proyectos de televisión local, sobre todo con aquellos nacidos al socaire de aquella fiebre del ladrillo que llenó de grúas el paisaje desde mediados de los años 90. Eran los años de la euforia, y muchos promotores creyeron que además de albañiles, también necesitaban periodistas para levantar sus ambiciones. Tener una tele era como el Audi que poseían con cristales tintados; un vehículo al servicio del resto de sus negocios inmobiliarios. De toda aquella pléyade de patrones venidos de fuera del mundo tradicional de la comunicación, sólo conozco este caso de empresarios que supieron convertirse en editores, en guardianes estoicos del pluralismo informativo y de la libertad de opinión. Más de una vez les oí decir que, visto desde esa vertiente, el canal de Las Arenas les daba más disgustos que facilidades. Pero lo decían con esa misma resignación con que lo dicen los editores de toda la vida, que saben que son los dueños de un medio de comunicación, pero eso no significa en modo alguno que también lo sean de los periodistas que en él trabajan. Antes al contrario, los dos hermanos te miraban con una sonrisa de complicidad y mientras encogían los hombros uno de ellos te decía: "Tú ya sabes como son los periodistas, como les digas algo, será peor". "Hay que aguantarse y pechar".

Los años dorados

Aquello lo decían sobre todo en los años dorados del canal, cuando llegó a contar con una plantilla de 75 personas y numerosos colaboradores; con las emisiones extendidas hacia Lanzarote, Fuerteventura y La Palma, con delegaciones, personal y programas propios en cada una de esas islas, y con una audiencia que estaba entre las más altas de toda España en el segmento de la televisión local. A diferencia de esas otras teles en las que un cantamañanas, que dice llamarse periodista, pero parece más bien un telepredicador crispado, y que es la enseña del canal dirigiendo cada días invectivas y amenazas, el emblema de Las Arenas Canal 9 fueron siempre sus pulcros y aseados Servicios Informativos. Las noticias pesaban más que los intereses. De hecho, sus propietarios siempre han pensando que la burocracia que ha impedido levantar algunos de sus proyectos, como la construcción de un centro comercial en el norte de Gran Canaria, era la represalia política a esos Informativos hechos con la libertad que a veces tanto duele al poder.

En esa época dorada estaban dirigidos por un periodista de raza que sabía oler y perseguir noticias populares como pocos: Santiago Betancor Brito. Venía del mundo de los periódicos, un mundo en el que pesaba más la firma que el rostro, el trabajo de equipo que el espectáculo del plató. Tal vez por eso le interesó más dirigir una Redacción de buenos y discretos periodistas que de estrellas de la vanidad. Así, siempre sobresalía el todo, el conjunto polifónico con todas sus voces y matices. Al margen de la credibilidad y cercanía que siempre han transmitido sus rostros habituales, especialmente Manel Aullón, han sido siempre los informativos en su conjunto el santo y seña del canal, una buena escuela de redactores audiovisuales que se formaban en el canal, pero que en cuanto destacaban, eran fichados por Antena 3, por TVE-C o por la Autonómica, que vino a nacer por el mismo tiempo en el que el canal de Las Arenas daba sus primeros pasos, allá por 1999. Aunque, en estos últimos años, la crisis había hecho mella en el tamaño de la redacción, hasta el último día han seguido manteniendo ese marchamo de rigor y confiabilidad.

Y aunque los informativos hayan sido el buque insignia, eso no significó nunca que como canal de televisión renunciaran al entretenimiento más desenfadado. De hecho, en aquellos buenos tiempos de sus principios, cuando se produjo la expansión al resto de las islas, llegó a tener como Director a José María Quero, un conocido realizador que venía de firmar las dos primeras ediciones del programa que marcaría un antes y un después en el mundo de la televisión: Gran Hermano. A Quero le siguió otro experimentado profesional de la televisión; Alfonso Campoamor, un productor venido de TVE, que intentó ofrecer una buena programación al mismo tiempo que ajustaba los desmesurados costes del canal.

En aquella época, los magacines trataban de competir con los que se hacían en los canales nacionales, y copiaban de ellos la algarabía y el estilo también pendenciero y polémico de aquellas Crónicas Marcianas de principios de este siglo. La noche del Gato, del inefable Domingo Melián fue el primer late-night hecho por una televisión en Canarias. Caras conocidas del entretenimiento televisivo canario iniciaron su andadura en Canal 9; como Carlos Castilla, Toni Calvo, Mónica Lleó o Ibán Padrón, ahora en Cuatro, o Sebastián Quintana, un periodista de la divulgación que puso en marcha novedosos programas de salud y servicios.

Imagen cuidada y solvente

Junto a sus programas, retransmisiones, series y películas, el canal ha tenido siempre una cuidada continuidad de emisiones y una identidad corporativa muy bien definida. Era la televisión local que por aspecto visual menos se parecía a una local. El componente de proximidad lo daban los contenidos, pero no esa puesta en escena cutre de otros canales locales. Se cuidaba la iluminación, los decorados y el maquillaje y aspecto de los presentadores e invitados que aparecerían en los programas. Todo, como si estuviésemos en un canal nacional o autonómico.

Todo eso cuesta mucho dinero. José Abraham y José Andrés Domínguez, junto a su discreto y eficaz ejecutivo de cabecera, Javier Puga, se han pasado estos 14 años esperando que en algún momento el canal dejara de tener pérdidas. Pero cuando esa posibilidad podía tocarse con los dedos, vino esta crisis devastadora que ha convertido en pesadillas todos esos proyectos que daban trabajo y actividad a decenas de periodistas, cámaras, realizadores, productores y técnicos de televisión. Desde el comienzo de la crisis, en 2008, en España han echado el cierre más de 300 medios, una gran parte de ellos, televisiones locales.

La crisis

El desplome de la publicidad (la facturación ha caído un 60% entre 2007 y 2012), la única fuente de ingresos de la televisión en abierto, ha tenido un reflejo dramático en el empleo. Las cifras del desempleo en la profesión se han disparado. Hasta septiembre de 2012 se habían contabilizado 27.443 profesionales en paro, lo que supone casi tres veces más de lo que se registraban en el mismo mes de 2011, cuando las estadísticas situaban la cifra en 9.937.

La falta de trabajo o el miedo a perderlo ha derrumbado la posibilidad o el deseo de consumir, salvo las necesidades básicas. Como apenas se compra, apenas se anuncia nada que pueda adquirirse. Pese a ello, se intentó aguantar reduciendo más personal y cerrando servicios como el de la radio o las emisiones de Fuerteventura y luego Lanzarote. Pero cuando ya no se podía reducir mucho más, la aventura de Las Arenas, como tantas otras, se tornó inviable. Con el resto de sus negocios, los Domínguez han demostrado que no son de los que se arredran fácilmente ante ninguna dificultad. A pesar de las perspectivas económicas, se han atrevido a recomprar el originario negocio de los supermercados.

Con unos encomiables últimos 22 trabajadores empeñados en parecer muchos más, los propietarios de Nueve TV han tirado la toalla cuando constataron que más esfuerzo sólo podía conducir a la melancolía. Con los últimos ajustes, estaban cerca de perder poco, pero no existía horizonte para empezar a ganar y dejar así de perder. Y continuar implicaba además afrontar lo antes posible una nueva y cuantiosa inversión para adaptar sus emisiones a la proporción de las nuevas pantallas panorámicas del presente. Era como volver a la casilla del principio. Suele ser en esos momentos cuando los editores vuelven a convertirse en empresarios, para clausurar ese sueño fallido que emprendieron. Sin esa faceta económica y economicista, en la que los números pesan más que las palabras porque hablamos de matemáticas, el editor que no es empresario se queda sin el suelo que mantiene el resto de sueños que siguen funcionando aceptablemente.

Los espectadores grancanarios, conejeros y majoreros perdemos una opción y un altavoz para dar a conocer nuestros problemas. No cabe hacer ningún reproche. Es más justo reconocer el buen trabajo informativo y divulgativo que nos ha proporcionado, su contribución a la conformación de la opinión pública de la provincia oriental y su más que aceptable línea editorial y deontología profesional. Como decía el escritor y crítico británico John Ruskin, "la calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia". El 31 de julio se apaga ese esfuerzo. Ojalá algún día podamos ir volviendo a encender tantas cosas inteligentes apagadas por la crisis.

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