A limine

Un ángel en el desierto

20.02.2014 | 23:00

La historia de Marwan, un niño sirio de cuatro años, es una más de las que retratan con dureza el sufrimiento de los menores en los conflictos bélicos. En este caso, su imagen cruzando solo el desierto de Jordania tras separarse de su familia, cuando intentaban huir del país, se difundió en las redes sociales por el representante de Acnur en Siria causando gran impacto.

El pequeño Marwan y su familia huían de la guerra que asola su país desde el año 2011 cuando se extravió. La soledad del desierto no pudo con la voluntad de este niño que continuó el viaje portando una bolsa con todas sus pertenencias, hasta llegar al campamento de refugiados donde pudo reencontrarse, afortunadamente, con sus seres queridos.

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), más de dos millones de ciudadanos han huido del país árabe y se calcula en más de cuatro millones los afectados dentro y fuera de Siria. Sin duda, los datos más escalofriantes tienen que ver con los niños: más de 11.000 han muerto en los tres años que dura ya la contienda. Muchos duermen en parques y cuevas; desnutridos y enfermos; muchos han muerto de frío.

Ante el caos reinante y su extrema vulnerabilidad, los más pequeños son los más perjudicados, víctimas de un escenario atroz en el que resultan heridos, mutilados, apartados de sus familias o explotados, condenados en todo caso, a una subsistencia traumática.

El panorama no puede ser más desolador en el escenario de una contienda infame, gestada por oscuros intereses económicos y políticos, con la hipócrita injerencia internacional. Poco importan los más de veinticinco artículos de la Convención de Ginebra y sus protocolos adicionales específicos que incumben a los niños, ni los derechos garantizados por la Convención de los Derechos del Niño, prácticamente ratificados en todo el mundo y que son aplicables durante los conflictos armados.

Marwan se ha convertido en un símbolo del padecimiento infantil como consecuencia de los conflictos bélicos y ha estremecido las conciencias humanas. Hay millones de niños que, como él, padecen cada día las consecuencias de la inmoral dialéctica de la violencia y la guerra.

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