Artículos de broma

Infancia ociosa

21.02.2014 | 02:10

Con el siglo XXI la televisión generalista pasó a reclutar y formar al nuevo proletariado del espectáculo a través de concursos que convierten brutos en brillantes para la joyería de la fama. En los casting se constata que sobra gente que quiera acceder a la industria de la fama como sustituto del mercado de trabajo. Sobra gente que cante bien, que enseñe las tetas, que crea que tiene algo que decir y que esté dispuesta a discutir en un plató. La tele generalista le da a un hortera que desafina la oportunidad de entonar bien peinado, vestido, maquillado e iluminado en un módulo de formación televisual que deja atrás la eficacia del viejo sistema de aprendices que se quiere recuperar.


La disposición plena (estoy dispuesto a cualquier cosa), la mentalización descerebrada (lo voy a conseguir como sea), el deseo ardiente (lograr tu sueño) conforman el argumento muy repetido y poco explicado. ¿Se sabe para qué? A quienes apliquen esos ímpetus al mercado laboral conviene advertirles de que un trabajo debe ser correspondido por un salario que dé para vivir, algo que olvidan los bardos de los empleadores cuando dicen que medio trabajo es mejor que ninguno, porque medio comer sólo es una forma más lenta de morir de hambre.


Hay versión infantil de todo esto para garantizar el repuesto generacional. El espectáculo siempre ha dado esa licencia a los niños y ahí está el cuerpo presente de Shirley Temple para recordárnoslo, aunque no nos acordemos de los miles de cadáveres que quisieron seguirla, de los tirabuzones que no alcanzaron su sueño. Ahora cocinan, ahora cantan, pronto los veremos pegar zapatillas deportivas de empresas multinacionales y nos admiraremos de lo bien que lo hacen y lo ricos que son. Como no es descabellado que oigamos pronto que la infancia ociosa es una convención rancia de otros tiempos y de pocos países, que está bien para los que se lo puedan pagar.

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