Retiro lo escrito

Sus sucias manos

22.02.2014 | 02:10

La institución del Día de las Letras Canarias llegó justo a tiempo para blanquear la desastrosa gestión de la política cultural que han desplegado los gobiernos de Coalición Canaria en los últimos años. Bajo la égida de Inés Rojas se ha llegado a la conclusión, finalmente, de que la mejor política cultural es la que no se realiza. En menos de un lustro se pasó de un intervencionismo de aspiración entre malreauxiana y catalana, cargado de septenios y de estrategias culturales, a un darwinismo feroz de presupuestos ridículos y sálvese quien pueda. En este tránsito el Gobierno autonómico no renunció al humor y ha puesto a disposición de los supervivientes una denominada oficina de apoyo al sector cultural, "una plataforma permanente (sic) de información, apoyo y asesoramiento especializado", dependiente de la empresa pública Canarias Cultura en Red. En lo esencial esta plataforma se dedica a informar pachorrudamente de que no hay perras y que los interesados pueden dirigirse a otra parte a molestar con sus solicitudes, sus angustias y sus cuitas. Ignoro si la dotación presupuestaria de Canarias Cultura en Red permite repartir clínex entre los solicitantes. Lo que sí hay son tres direcciones generales, las de Cultura, Deportes y Cooperación Cultural y Patrimonio, dotadas de presupuestos ridículos y con una actividad mínima, pero indispensables para cubrir las cuotas internas de CC y recolocar a algún alcalde perniquebrado.

Este artículo, pibes y pibas, debes escribirse todos los años, como quien peregrina ritualmente a ninguna parte; servidor lo hace, cada vez más harto y cansado, desde que Francisco Ramos Camejo ocupaba laViceconsejería de Cultura y Deportes, media eternidad de improvisaciones, derroches, dirigismos y ocasiones perdidas. Así, de éxito en éxito, hemos alcanzado las más altas cumbres de la miseria. No solo se suprimen las aportaciones a las bibliotecas públicas; actualmente, como hace un cuarto de siglo, a los niños y adolescentes isleños apenas se les aproxima a conocer la historia, la literatura o el arte canario, y no existen excusas metropolitanas desde que las competencias en materia de educación y elaboración de currículos están traspasadas a las Comunidades autonómicas. Es repugnante escuchar a los que mandan citar a Agustín Millares y alabar su espíritu crítico y rebelde, pero enseguida recuerdo la fuerza de la auténtica poesía, la inasible potencia de la palabra poética, y me reconforto pensando que ningún rebenque podrá nunca poner sus sucias manos sobre un solo verso de Agustín Millares.

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