Electrón libre

Es hora de cambiar el horario laboral en España

22.02.2014 | 23:00

El pasado 17 de febrero, el periódico The New York Times abría su edición internacional con un artículo de Jim Yardley, ganador en 2006 del Premio Pulitzer de periodismo, que opinaba que era hora de que España cambie los horarios laborales para acoplarse a las exigencias personales, familiares, sociales, profesionales y económicas del siglo XXI. Es completamente anacrónico que a las 10 de la noche, cuando la mayoría del mundo civilizado está preparándose para irse a la cama o durmiendo para levantarse descansado y empezar un nuevo día de trabajo o estudio, en España la gente se reúna para ver un partido de fútbol o para ir a cenar hasta pasada la medianoche. No es una exageración: los resultados de una reciente encuesta confirman que el 25% de la población española está viendo la televisión entre las 12 de la noche y la 1 de la madrugada.

Víctimas de una brutal crisis económica que está devastando la clase media y empobreciendo a millones de familias, esta marca española de comer y vivir a destiempo del resto del mundo es la raíz de nuestra escasa eficiencia y capacidad productiva para desarrollar nuestro potencial como individuos y como sociedad en sincronía con las reglas de la economía mundial. Desde hace décadas, y desde diversos foros, se viene denunciando que los actuales horarios laborales de muchas empresas en España, caracterizados por una interrupción prolongada del trabajo desde la una del mediodía hasta las cuatro o cinco de la tarde son irreconciliables con los horarios escolares y con una vida personal y familiar sana. Muchos informes apuntan a que detrás de esos disparatados horarios en los que millones de personas vienen y van entre la una y las cuatro o cinco de la tarde para volver a desplazarse a sus hogares entre las ocho y diez de la noche, son parcialmente responsables del bochornoso fracaso escolar, del exagerado número de familias disfuncionales y del mediocre lugar que ocupa España en el ranking mundial de productividad.

Los trabajadores españoles trabajan más horas que los trabajadores alemanes, pero no llegan a cumplir el 60% de su tarea diaria. No es de extrañar que ante esos horarios en los que los empleados pasan sus vidas clavados a sus empleadores, la mayoría de los españoles quiera trabajar en el sector público, donde los horarios son continuados y la jornada laboral de 8 a 3 es lo más parecido a la de 8 a 4 o la de 9 a 5 (con una hora para comer) de Europa y Norteamérica. Si la aspiración de los jóvenes es evitar el horario laboral que tuvieron o tienen sus padres, trabajar en la Administración Pública tiene un competidor que le supera: trabajar en un banco, donde no se entiende lo ilógico de su horario de atención al público, cuando la mayoría de los titulares de las cuentas bancarias están trabajando a esas mismas horas. Por lo pronto, la primera propuesta que debería hacer el Gobierno es que España ponga sus relojes en sintonía con el huso horario que le corresponde. Como cualquier estudiante de Secundaria puede comprobar en el mapamundi, esto significa atrasar una hora los relojes en todo el territorio nacional. Estamos fuera de la zona horaria que nos corresponde geográficamente por culpa de una decisión disparatada del gobierno franquista en 1942 que nos sacó del huso que compartíamos con Portugal y Gran Bretaña y nos colocó en la zona horaria de Alemania e Italia.

Organizaciones que defienden un horario laboral más racional critican a las empresas que presionan a sus empleados para que trabajen desde las primeras horas de la mañana hasta las tantas de la noche. Ese tipo de empresarios que prefieren empleados que trabajen más horas de las fijadas por ley, añoran un pasado de servidumbre y gozan del apoyo de ciertos gobernantes. Esos horarios ejercen una presión enorme sobre los individuos y destrozan sus familias, una situación de la que son cómplices los partidos políticos y las organizaciones empresariales y sindicales de España. Hace 70 años, España era un país agrícola y los campesinos organizaban su trabajo según la luz solar y no por el reloj. En las primeras décadas del gobierno de Franco, los horarios agrícolas se implantaron en las ciudades, respetando la interrupción de toda actividad laboral para la siesta. Esta imposición horaria ha alejado a la España urbanizada e industrializada de hoy de la norma europea.

Racionalizar el horario laboral supondría un enorme beneficio para madres y padres permitiendo que las familias tengan más tiempo para estar juntas, para mejorar la educación de los hijos, para compartir las tareas del hogar y gestionar mejor el tiempo libre. Un horario laboral más racional ayudaría a la recuperación económica de España. Aquellas regiones españolas con horarios de comida, de descanso y de trabajo alineados con los horarios europeos, disfrutan de un mejor nivel de bienestar social y son las más productivas de España. El debate está servido. Buen día y hasta luego.

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