Cada cosa en su sitio

El vía crucis de Ucrania

24.02.2014 | 22:49

De aquí al 25 de mayo aún pueden pasar muchas cosas, pero esta fecha, designada por la revolución ucraniana para elegir presidente, coincide con las elecciones para el nuevo Parlamento europeo. Sería sarcástico que el previsible entusiasmo de los europeístas del Maidan coincida igualmente con la abstención vaticinada en los 28 de la Unión. El impulso de cambio hasta ahora triunfante en Kiev, con un saldo de 30 muertos en las barricadas, es difícilmente conciliable con la apatía o el escepticismo de muchos de los que ya están dentro. La Europa deseada y la rampante Antieuropa conjugan la dialéctica de una tesis y una antítesis cuya síntesis resulta impredecible. No lo son menos los efectos paradójicos de una posible entrada en la pacífica Unión a través de un golpe revolucionario que a punto estuvo de desembocar en guerra civil.

En semejante laberinto, lo más claro es que los ucranios europeístas han impuesto el ideal de la libertad desde la experiencia de la pasada dominación de la URSS y la falsa democracia de un régimen tutelado por la Rusia actual. Lo saben todo del imperialismo comunista y del aún latente en el poder excomunista con capital en Moscú. El depuesto presidente Yanukóvich, a quien han vuelto la espalda la Rada Suprema, el ejército y la policía, sigue reivindicando el derecho derivado de su elección democrática, sin duda alentado por Putin (aunque cada día menos). Cuando él compara lo ocurrido en el país con la toma de Alemania por los nazis, olvida la victoriosa revolución de octubre a cargo de los bolcheviques, alzados en armas infinitamente más cruentas que las de ahora. Por suerte, la negra memoria de los Balcanes ha inhibido cualquier intervención de fuerza, sea rusa, europea, americana u otánica. La población, castigada durante siglos, ha sido soberana en su lucha por la libertad.

Aun cuando esto se consolide, los problemas pendientes serán muy duros. Si Julia Timoshenko vuelve a la presidencia tendrá que depurar la corrupción generalizada y conciliar en la paz las contradictorias exigencias de los grupos sumados al movimiento triunfante; encontrar alternativas a la hostilidad rusa y prorrusa en el interior, así como a la restricción de los suministros de gas y petróleo; forzar a tope la entrada en la UE para escapar de la soledad internacional; y procesar sin desprestigiarse el hecho de que la UE no es generosa con los más necesitados, ni proclive a crecer mediante golpes que humillen a las grandes potencias. Lo deseable sería que el valor de abrir el camino de la libertad y la paz a un país estratégicamente ubicado y extraordinario por su cultura, se imponga a todo lo demás. Un vía crucis compartido sería en este caso la mejor prueba de solidaridad.

laprovincia.es en las Redes Sociales
Enlaces recomendados: Premios Cine