Ritos de paso

Iñaki Gabilondo

27.02.2014 | 23:00

Cuando la nada es afuera, y la afuera es nada, la soledad imberbe se hace fuerte en la mente del enfermo. Del enfermo de cualquier cosa, o, lo que es lo mismo, del enfermo de sí mismo, a la manera clásica y olvidada. En todas las profesiones hay aprendices de brujo. En todas las profesiones, también, personas que se erigen en jefes de la tribu, por su experiencia, por su sabiduría, por su habilidad para matar sin ser vistos, por el conjunto de todas esas cosas y alguna más. Iñaki Gabilondo, que dejó la cadena SER sin dejarla (ahí está con su comentario matutino cual oráculo de Delfos) y que todavía orienta a la progresía de este país con su sabia conseja matinal, se prestó hace unos días a una pantomima que no le pega nada. Al día siguiente, lunes 24 de febrero por la mañana, en la SER por supuesto, acudió entre penitente y sabelotodo a explicarse, acompañado por el director del desafuero de la noche anterior, Jordi Évole. ¿Quién les pedía disculpas? ¿Las dichosas redes sociales, que ardieron esa noche? Yo, desde luego, no. Los dos son muy mayorcitos, uno más que otro, y los dos son muy responsables de sus actos como periodistas. Por eso no admito sus disculpas a los que consideran que pueden haberse molestado con la pamema de, leamos con atención los nombres: Garci, Anson, Mayor Zaragoza, Onega? alguno más a modo de actor de reparto, y los principales mencionados. A lo hecho, pecho. Me pregunto qué hubiera pasado si esa tontería de hacer ficción / no ficción sobre el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, se le hubiera ocurrido a una de esas cadenas de la caverna, cuyos nombres no quiero pronunciar; ¿hubiera reaccionado de la misma forma la progresía que expide los certificados de tal desde que Semprún fue expulsado del PCE? Seguro que no. Pero demos un pasito más, ¿y si a los guionistas de una cadena de este jaez se les hubiera ocurrido, por poner un ejemplo, hacer una ficción por el estilo con un caso de maltrato a una mujer, dándole la vuelta por pasiva?

A todo el mundo le importa un bledo casi todo, y la amnesia es inmediata sobre cualquier cosa. Mas con pesar y tristeza, nunca olvidaré que una vez, un periodista serio y cariñoso, de apellido Gabilondo, se prestó a actuar como un gilipollas. Qué le vamos a hacer. Todo el mundo tiene su precio, como decía un viejo colega argentino después de haber sido comprado por Ruiz-Mateos.

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