01 de marzo de 2015
01.03.2015
Volando bajito

Una maternidad heredada

01.03.2015 | 02:00
Una maternidad heredada

Durante varios años, cuatro o cinco, mantuvo una hermosa relación con la que creyó la mujer de su vida, el ser humano del que nunca querría separarse pero olvidó que la vida siempre encuentra una rendija por donde trepa el desamor, el hastío. Un día alguien entró en la alcoba y la que era su pareja dijo adiós sin despedirse. Tenían planes de futuro que incluían la adopción, pero todo se fue al traste. Cada cual cogió su camino y lo que quedó del amor fue rencor y rabia. Una se refugió en su familia, en su madre y especialmente en Celia, una hermana que sufre una discapacidad. Su ex fue a parar a Francia, complicado por tanto volver a verse en La Gomera. Para Ade, así se llama la novia abandonada, la familia fue su flotador. Un día Celia comenzó a manifestar alteraciones físicas evidentes. Había ganado peso y dada su limitación había que mantenerla a raya. Acudieron al médico y desde que la vio no tuvieron duda. Unas pruebas certificaron un embarazo. Gemelos. En la familia supuso un cisma. Conocedores como nadie de la discapacidad de la chica, 17 años, acudieron a organismos oficiales para que la gestante pudiera acogerse a la interrupción del embarazo amparado en los tres supuestos que contemplaba la ley. Nada. Les informaron que la discapacidad no le impediría cuidar de los niños. Mentían, probablemente por desconocimiento. La familia asumió la llegada de los bebés adaptándose a una nueva vida. La abuela quiso quedarse con ellos y que se criaran con su hija, la mamá de los bebés. A los tres meses la situación era caótica. La chica no podía con los niños y la abuela, menos. Entonces recurrieron a esa hermana, a la que quería ser mamá pero lo impidió el desamor. No lo dudó. "Los criaré pero con un documento que avale mi decisión y la de ustedes; no quiero que me tengan en vilo. Serán míos para siempre". Así lo hicieron. Los bebés viven con su mami, ven a su madre biológica y son mimados por la abuela. Ella asume todo lo que demandan los renacuajos. Son sus hijos. Alguien llamó a Francia y contó a su ex novia la nueva vida de la que fue su chica. Intentó verla, pero no cuadró. Ade es hoy tan feliz que recordar el pasado, ni le interesa ni tiene tiempo.

El que tiene es para ella.

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