20 de marzo de 2015
20.03.2015
Música OFGC

Sigue la racha

20.03.2015 | 01:08

Sí, de conciertos sin obra archifamosa (que, por lo visto es lo único que atrae al público, algo escaso el pasado viernes), de buenas obras modernas y de una excelente interpretación por parte de nuestra OFGC. Esta vez agravada por el hecho de que, a la misma hora, la Sociedad Filarmónica celebraba una velada para sus socios. Creo es necesaria una coordinación entre instituciones programadoras de eventos musicales para que no se den coincidencias de este tipo.

Lo más destacado del último concierto fue la extraordinaria actuación del joven pianista polaco Marcin Koziak quien nos dio una versión magnífica del Concierto nº 1 en mi menor, de Chopin, con una digitación perfecta, buena dinámica y gran cantabilidad. Tras una entrada orquestal, un tanto borrosa por parte de la Orquesta pero que mejoró enseguida, dominó completamente la obra con pasajes magníficos, recordando especialmente su precioso diálogo con el fagot en el Larghetto, en el que John Douglas Potts, cantó magistralmente sobre los adornos del solista. Sin querer, me vino a la memoria esa definición que se hace de Chopin: "El Bellini del piano" (o, al contrario, "Bellini es el Chopin del canto", que no recuerdo muy bien como es el original) porque ambos cantaron un bellísimo Lied sin palabras. El Rondo coronó brillantemente el concierto recordando las varias entradas del tema principal a cargo del solista, siempre distintas con lo que dio gran variedad a esa alegre melodía. Su clamoroso éxito nos trajo como regalo uno de los más famosos Estudios del polaco, pero el público aún pedía más.

Salvo la Orquesta, todo en el concierto fue de Polonia: los tres compositores, el director, nuestro antiguo conocido Antoni Wit (en la biografía del programa de mano no se dice que fue director titular de la OFGC) y el solista. La obertura de Moniuszko, Paria, muy bien desarrollada tuvo una excelente interpretación luciéndose, como es habitual nuestros excelentes solistas y la Sinfonía nº 2 de Szymanowski, obra extraordinariamente densa, que hubiera preferido oírla con más luz para poder seguir el curso de las seis Variaciones de las que recuerdo el magnífico ritmo de la Gavotta y los maravillosos y ajustados tutti orquestales de tan interesante obra neoclásica.

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