Turistiando

¡Es el turismo, estúpido!

06.11.2015 | 02:00
¡Es el turismo, estúpido!
¡Es el turismo, estúpido!

La sociedad canaria tiene numerosas y graves preocupaciones. El paro y el incremento de la pobreza suponen un lastre para toda la comunidad y nos colocan peligrosamente al borde del abismo. Pero esta realidad tiene culpables con nombres y apellidos. Y es que en apenas 15 años hemos dilapidado el incremento del PIB per cápita de los canarios que ha pasado del 98% de la media en España a un 85,9%. Una diferencia que llega al 81% en comparación con la media UE28. Hemos pasado de casi equipararnos a la media de renta europea a volver a niveles de subdesarrollo (un 20% más pobres que la media europea), aunque no estamos hablando de los años sesenta del siglo pasado en los que el PIB per cápita de los canarios apenas llegaba al 60% de la media europea y el analfabetismo era mayoritario en la población. Un milagro económico se produjo entonces y sacó a los canarios de la miseria en la que estábamos sumidos. Pero su mala gestión vuelve a amenazar a nuestra sociedad con variables alarmantes.

El milagro fue el turismo. Y algunos de los artífices más destacados de aquel boom económico fueron la familia condal, César Manrique, Manuel Fraga, Manuel de la Peña y Franz Josef Strauss. El condado por la puesta en marcha del proyecto Maspalomas Costa Canaria, a través de un Concurso Internacional de Ideas que revolucionó el turismo en Gran Canaria, una iniciativa que respondió al reto lanzado 25 años antes por Néstor Martín-Fernández de la Torre para este paraje. Manrique realizó la transformación de Lanzarote y su impacto repercutió en el conjunto de las islas. Manuel de la Peña hizo avanzar la arquitectura y el urbanismo turístico como nunca en estas tierras. Manuel Fraga sentó las bases del desarrollo turístico español y toda la estructura normativa y administrativa para tal fin partiendo casi de la nada. Y Strauss hizo posible la inversión de capital alemán en el territorio español, tan necesitado como estaba de dinero.

Han pasado cincuenta años en los que los cambios, bonanzas y crisis vividas, nos permiten reconocer una realidad incuestionable. Sin el turismo, estas islas estarían abocadas a la miseria. Y, de paso, añado otra conclusión: las administraciones públicas han ocasionado al sector más daño que beneficio, consiguiendo que hoy día sea una actividad complicada para invertir y con una rentabilidad en el territorio muy por debajo de sus potencialidades.

Lo más grave, aún, es que el autogobierno se ha valido de las competencias asumidas (en particular la ordenación territorial, el turismo y la fiscalidad) para perjudicar a la que en los años setenta y ochenta era la isla que mayor número de turistas atraía y más inversión generaba: Gran Canaria. Y hay quien afirma que consideraron necesario en el Gobierno de Canarias (etapa del 'Pacto de progreso' 1983-87) frenar el crecimiento de esta isla para evitar un distanciamiento con el resto. Hoy día hay una isla que supera en turistas, camas e infraestructuras al resto gracias a ese intervencionismo...

Asimismo, se apostó por un modelo de integración en la Unión Europea que beneficiaba a un sector sobre el resto: el sector primario, confiando que dicho Protocolo permitiría contar con un sector agropecuario e industrial con posibilidad de crecer. El resultado no puede ser más desalentador: sin ayudas europeas desaparecería y, encima, con ayudas europeas tan sólo significa para Canarias el 1,5% del PIB y el 2,1% del empleo en el caso del sector primario y el 3,7% del PIB y el 1,4 del empleo en el caso del sector industrial manufacturero. A todo esto, ¿qué sería de esos dos sectores si no tirara de la economía canaria el turismo? Porque sólo el turismo y hostelería (directamente) supone el 31,4% del PIB y el 35,9 del empleo en Canarias. Unas cifras que se multiplicarían si incluyéramos los empleos y actividad económica indirecta y, sobre todo, si sólo se incluyera la provincia oriental. Además, el sector turístico atrae inversión, mientras que los otros sectores dependen de subsidios europeos.

Y, a pesar de que el turismo es la actividad principal de nuestra economía, se trata del sector peor tratado y peor gestionado en los presupuestos de las distintas administraciones, con políticos que intentan ocultar una realidad dramática con cortinas de humo que sólo buscan hinchar la ocupación de los aviones y los complejos turísticos a cualquier precio, incluido el de la destrucción del sector turístico a corto y medio plazo.

Ahora mismo, tenemos los niveles más altos de desempleo en Europa, triplicamos el desempleo juvenil de la media europea, el índice de pobreza mayor, el porcentaje más elevado de embarazos no deseados, la más penosa valoración del informe PISA de fracaso escolar, el crecimiento del analfabetismo entre las jóvenes. Esta juvenilización de la pobreza (paro y analfabetismo) augura un futuro inmediato muy negativo.

Pero en esta latitud seguimos pensando en pajaritos preñados. Se habla de apostar por la agricultura canaria, por la industrialización y por la conversión de este territorio en una especie de Silicon Valley europeo. Y así año tras año, presupuesto tras presupuesto, derrochando miles de millones de euros en políticas que nos llevan a la situación actual: más del 30% de desempleados. Más del triple de la media europea. Y a todo esto, ¿qué hacen los políticos con el dinero que recaudan para sacarnos de este atolladero? Un ejemplo: más del 30% de los impuestos que se recaudan en Canarias vienen del sector turístico. El presupuesto de la Comunidad Autónoma sólo dedica un 1,25% de su presupuesto a este sector. Otra cosa, que ya he comentado en algunas ocasiones, es si ese gasto sirve para algo. Parece que las cifras ya se han encargado de responder...

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