08 de noviembre de 2016
A la intemperie

No regreso

08.11.2016 | 01:25
No regreso

En el taller de escritura, Sofía, que por lo general interviene poco en las discusiones colectivas, pregunta qué significa significar. Esperanza responde que la palabra mesa alude al objeto mesa y que eso es un modo de significar. Sergio agrega que la fiebre indica que en alguna parte del cuerpo hay una infección, aludiendo así al síntoma como señal de que algo ocurre en otra parte. La gente se anima y van surgiendo ejemplos insignificantes de significar. Pasados unos minutos, Sofía vuelve al ataque para preguntar ahora qué significa ella para el resto de la clase. Se trata, como señalábamos, de una chica silenciosa y normal tanto desde el punto de vista físico como en su manera de comportarse, por lo que su intervención produce extrañeza y genera cierta incomodidad. No obstante, tras unos segundos de silencio, interviene Antonio, que se sienta siempre en la primera fila, y dice que se trata de una pregunta excelente.

-¿Qué significamos cada uno de nosotros para los demás?- añade.

Intervengo de inmediato para cambiar de tema, pues no permito estos deslizamientos hacia cuestiones de orden personal. Pero la mayoría arguye que se trata de un asunto literario y que no está dispuesta, ya que ha salido, a dejarlo pasar. Transijo, en fin, con expresión de paciencia y de fastidio.

Durante los siguientes minutos se enzarzan una especie de terapia de grupo donde cada uno habla de lo que significan los otros para él. Los significados van estableciendo un tejido de emociones baratas a cuya creación asisto horrorizado, aunque sin hallar el modo de detenerla. Finalmente, alguien repara en mi presencia y me pregunta qué significan los alumnos para mí. Al objeto de romper el clima emocional low cost, que se ha ido creando con las diferentes intervenciones, les digo que no significan nada y que vamos a lo que vamos o perderemos la clase en banalidades. Entonces me miran con expresión de incredulidad a la que respondo con una sonrisa que pretende ser cínica sin conseguirlo. De hecho, me entran unas ganas incontenibles de llorar y tengo que salir precipitadamente del aula, a la que no regreso. A ver qué les digo mañana.

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