30 de noviembre de 2016
Opinión

El empeño por cambiar la historia

30.11.2016 | 02:38
El empeño por cambiar la historia

Hace unos días se publicaron en La Provincia, en página completa, dos panegíricos a Blanca Naranjo Hermosilla, recientemente fallecida. En ellos se le considera que fue una destacada figura de la Sociedad grancanaria por haber sido concejala del Ayuntamiento de Las Palmas y Delegada Provincial de la Sección Femenina del Movimiento Nacional desde 1946 a 1977.

Formó parte del Ayuntamiento durante la mayor parte del Franquismo, desde 1942 hasta 1972, en un Ayuntamiento donde no había elecciones ni candidaturas que se votaran por la población. Los concejales no eran representantes democráticos, representaban al tercio familiar, el tercio sindical y el político. No es precisamente como para que una persona se sienta orgullosa por serlo o haberlo sido. Igualmente vivió toda la dictadura franquista siendo Delegada de la Sección Femenina en la provincia de Las Palmas.

El panegírico que se hace a esta señora es realmente una manipulación histórica. Quienes los firman afirman cosas como: "Realizó una gran labor de formación entre las jóvenes y las mujeres de la Sección Femenina"; "era una mujer muy preparada con mucha cultura..."; "creía que las mujeres están particularmente dotadas para determinadas tareas municipales"; "era una fiel servidora de la grancanariedad y de España"; "enseñó a muchas a hacerse mujeres de hogar, coser, cocinar, higiene, cultura, religión, amor a la familia..." En definitiva, "Gran Canaria pierde a una grande de España".

Todo esto es, como mínimo, una burla e insulto a las mujeres de Canarias, que sufrimos el control y la persecución de un organismo como la Sección Femenina del Movimiento Nacional, nacido y usado durante casi 40 años para tener a las mujeres absolutamente dominadas. Para las mujeres del país existía doble control político: el del Movimiento Nacional a través de la policía, y el control de la Sección Femenina. Esta, además de los mecanismos ideológicos y económicos de opresión, inculcaba en las niñas y jóvenes los valores del Estado franquista que se asentaban sobre la autoridad patriarcal y la estructura jerárquica, como la sumisión, el sacrificio, la modestia... La familia volvió a centrarse nuevamente en la función procreadora del matrimonio, separó los roles de ambos sexos, marginó el acceso de las mujeres al mundo laboral y desarrolló, para ello, una educación distinta para niños y niñas, con materias diferentes y formación familiar y social acorde con los principios ideológicos de la Dictadura.

Todavía en 1976, en el comienzo de la transición política, había que pedir permiso a Blanca Naranjo para hacer cualquier reunión con mujeres. Así recuerdo haberlo hecho para convocar una reunión con el fin de formar una asociación de mujeres. Tuvimos que recurrir a conocidas comunes y tener una entrevista con ella para que no se opusiera.

Es difícil, con la visión actual, entender realmente lo que esto suponía para las mujeres que, en general, rechazaban este control.

En definitiva, nos negamos a aceptar semejantes alabanzas, que manifiestan un tufo rancio de añoranza de esa época pasada y no totalmente superada. Supone todo un empeño en querer cambiar la Historia y dar otra visión de la realidad, cosa muy común, últimamente, en determinados grupos de derecha recalcitrante.

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