24 de enero de 2017
24.01.2017
Retiro lo escrito

Límites democráticos

24.01.2017 | 01:06
Límites democráticos

El proceso de idiotización política avanza imparablemente. Un ejemplo. En un comunicado, Nueva Canarias consideró "todo un éxito" que la transmisión del último pleno parlamentario por parte de la televisión autonómica -no prevista inicialmente- superase el 6% de audiencia. Cualquier programa de En Clave de Ja sobrepasa semejante porcentaje, pero eso no es lo importante. Lo importante es que NC, que llamó dramáticamente la reunión de la cámara regional "el pleno de la soledad de Clavijo", intentaba, con tres pequeños juegos verbales, relacionar el éxito de la audiencia (sic) con el rechazo al Ejecutivo coalicionero, por sus santas gónadas. Esta agotadora memez llega a casos de amnesia realmente creativa, como la practicada por relevantes militantes del PSOE que ocuparon los únicos cargos públicos que han ostentado en su vida en el Gobierno autónomo o en los ayuntamientos isleños gracias al pacto entre coalicioneros y socialistas. Paulino Rivero, que fue secretario general de ATI durante doce años, era un verdadero regionalista y José Miguel Pérez -tan denostado, incluso públicamente, en otros momentos- un socialdemócrata cabal e insobornable bajo cuya severa mirada jamás se practicaron recortes en los sistemas públicos educativos y sanitarios. Los partidos tradicionales han terminado por asumir la metodología de la superchería, el adanismo y la desmemoria que practican los partidos emergentes, y singularmente Podemos y sus satélites, aliados y enemigos íntimos. ¿Y por qué no hacerlo, si les ha dado tan buenos resultados? La verdad deviene irrelevante: lo prioritario es construir un decorado narrativo y sentimental en el que los extras -llamados en otro tiempo ciudadanos, ahora saqueados por los bancos, estafados a diario por los gobiernos y vacilados por la nueva izquierda- se sientan emocionalmente cómodos. Para la bulla ya no es ni siquiera necesaria una fotocopiadora o una manifa. Se utilizan las redes sociales que se presentan obscenamente como cristalina expresión de la voluntad popular: un tuit resulta casi equivalente a un voto. Miles, cientos de miles, millones de votos caen del cielo electrónico gracias al incansable trabajo de los bots y los gestores de redes sociales de partidos y organizaciones afines, pero luego, en el entusiasmo mesiánico se convoca una rueda de prensa y los periodistas son más numerosos que los convocantes.

Lo más intranquilizador de la supuesta nueva política, cada vez más y peor mimetizada, es su apuesta delirante por la transformación instantánea de políticas, presupuestos, instituciones y procedimientos técnicos. Los límites de la democracia representativa, las contradicciones de la democracia directa, los compromisos financieros y fiscales contraídos por el Estado español y el Gobierno autónomo, las severas limitaciones presupuestarias, las complejas y delicadas relaciones con la Unión Europea, las fragilidades estructurales de la economía canaria, todas esas enojosas y arteras circunstancias, en definitiva, no se tienen en consideración en los flamantes (y casposos) discursos, más propios de los bares universitarios de hace treinta años que de un país maduro y unas fuerzas políticas responsables. Les da exactamente igual. ¿Por qué no iban a trampear los buenos si el objetivo es acabar con los malos? Mira, ahí tienes un tuit. Cualquier cosa es un tuit si estás en contra del mal y a favor del bien.

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