LA MÁQUINA CHINA

Cabras sueltas

08.03.2017 | 00:37
Cabras sueltas

Ayer brincó la noticia de que a la CIA se le salido de madre un programa de espionaje. Lo denuncia Wikileaks en un lenguaje un poco proceloso que en un principio impide caer en la naturaleza real del marrón, pero que a los dos párrafos obliga a ver cualquier cosa con enchufe con auténtica desconfianza.

Según la plataforma que fundó Julian Assange la ocurrencia americana consiste en un sistema que te julea desde la cámara de nuestros más entrañables aparatos, de tal forma que uno se encuentra en casa digamos que marisqueando en la napia por un problema de congestión nasal y es tu propio móvil, el muy cabrón, el que retrata el berberecho, eso después de cargarle la batería y comprarle su fundita. O la tele misma. Desde dentro de la tele, siempre que tenga cámara, que las hay, puede existir un señor en Houston que está observando si usted se está cortando la uña del ñoño con la uña del dedo gordo, uno de los gestos más feos de los muchos de similar naturaleza que pueden tener lugar en la intimidad de su hogar. Algo del todo deplorable, especialmente si luego esa uña va a parar con disimulo bajo la alfombra o el tresillo.

El cogollo es que este programa era para otro tipo de tropelías más encaminadas al espionaje y trajines propios entre buenos y malos. Pero se entiende que se les escapó el invento y hoy está en poder de cualquier loquinario con ciertos conocimientos en el arte de informatizar.

Cuando éramos cazadores-recolectores también andábamos metiéndonos el dedo en la nariz, pero al oreo incluso. No existía el concepto de ámbito privado que con el avance de la civilización fue haciendo de la convivencia algo más salubre, menos impresionable, y lo mejor: más libre.

Pero con la tecnología, sin dudar del impepinable desarrollo que implica, resulta que se está reculando al inicio de los tiempos. Nos volvemos a hablar a gritos, nos reinsultamos cada dos tuits. Y ahora nos volvemos a quedar con el culo al aire tal como lo teníamos hace 10.000 años, cuando toda la ingente información generada por un individuo dentro de su choza quedaba a la vista del jefe de la tribu para su control absoluto. En otro orden de cosas, en Fuerteventura han abierto una guardería para cabras sueltas, por si eso y tal.

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