16 de marzo de 2017
16.03.2017
RETIRO LO ESCRITO

Repulsión

16.03.2017 | 01:54
Repulsión

Coalición Canaria y el PSC-PSOE están decididos a condenar al hartazgo a los ciudadanos que todavía se ocupan de sus cuitas, es decir, de las patrióticas razones de Fernando Clavijo para destituir a Patricia Hernández y sus compañeros o del carácter de víctimas del progresismo de los socialistas que padecieron a un tenebroso sociópata como presidente del Gobierno. Es una discusión impropia de personas adultas. El Gobierno de Canarias es un órgano político cuya responsabilidad se entiende como colegiada. Todos son políticamente responsables de la gestión común, todos y cada uno de los consejeros, y no solo, como se repite comúnmente, el jefe del Ejecutivo, y lo demás son milongas, insoportables, gilipollescas, pueriles milongas. Si al señor Morera se le fue la mano en el gasto sanitario -y se le fue, porque el modelo de gestión sanitaria del señor Morera consistía básicamente en volver a 2006- todos sus compañeros, incluida la consejera de Hacienda, son corresponsables del desaguisado. Y lo mismo ocurre con la decisión de adelantar el cierre presupuestario: los consejeros socialistas, con la vicepresidenta al frente, resultan inevitablemente corresponsables de una decisión draconiana, sin duda cuestionable, quizás inevitable desde las prioridades financieras y presupuestarias a las que obligan los límites marcados a las comunidades autonómicas, pero que, en todo caso, se aceptó en el Ejecutivo sin rechistar. No se trataba de dos equipos que casualmente compartieran despachos, presupuestos, protocolos y ringorrangos, sino de un Gobierno. ¿Es tan difícil comprenderlo? ¿Cómo se pretende seguir mascando y escupiendo propaganda política desde el supuesto de que nuestra estupidez es ilimitada y acoge gentilmente todas las sandeces que se les ocurran?

En su origen esta estomagante patochada está en una decisión política por parte de Patricia Hernández y sus más próximos compañeros: el PSC centrará su propaganda no en lo conseguido durante su año y medio largo en el Gobierno y en sus alternativas a Coalición durante el resto de legislatura, sino en el combate heroico de los cuatro compañeros socialistas en el Ejecutivo contra la carcunda coalicionera y, singularmente, en la pasión y muerte del responsable de Sanidad, que quería curar a todo el mundo con la varita mágica de un presupuesto inagotable, mientras Clavijo soñaba con exterminar a viejos y desconectar a enfermos crónicos para bajar la presión demográfica del archipiélago. Así se pretende llegar, al menos, hasta el venidero congreso del PSC-PSOE -una candidata a la Secretaría General que gobernó con Coalición tiene algún problema que Juan Fernando López Aguilar está dispuesto a recordar- y si hace falta, hasta terminar la maldita legislatura. Como era de esperar CC, que en filtraciones estrábicas y campañas de desgaste acumula cierta dilatada experiencia, no ha optado por el silencio, aunque su argumentario, no precisamente incontestable, ha tenido una silueta más técnica.

Para los ciudadanos que siguen en los pasillos de los centros hospitalarios y que son desollados por la desesperación y la angustia en las listas de espera para una prueba diagnóstica o una intervención quirúrgica todo esto no solo es irrelevante. Es, sobre todo, repulsivo. Muy repulsivo.

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