RETIRO LO ESCRITO

Confiar en el alquiler

28.03.2017 | 04:05
Confiar en el alquiler

Escuché la intervención de José Miguel Barragán, reelegido secretario general en el VI Congreso Nacional de CC, y no saqué en claro si se trataba de un discurso o de una psicofonía. Esta pieza oratoria podría haberla pronunciado en 2015, en 2011 o en 2007. Y probablemente lo hizo. Barragán siempre ha estado ahí, pero nunca se ha despertado. Es políticamente insomne. Antes de ser secretario general en 2012 se encargó de la Secretaría de Organización desde 1999. Nadie le regatea a Barragán -dentro y fuera de CC- su lealtad a las siglas, su experiencia negociadora y su porfiada entrega al trabajo. Pero es extremadamente curioso que la organización coalicionera siga pivotando alrededor de quien ha sido su principal operador a lo largo de su prolongada decadencia electoral. Es como si Pepe Blanco siguiera timoneando el PSOE o Ángel Acebes continuara desempeñando la Secretaría General del PP.

Coalición Canaria tiene un problema muy común en organizaciones políticas que han conseguido mantenerse en el poder durante lustros: el Gobierno ha terminado por vampirizar al partido, que nunca estuvo muy sobrado de glóbulos rojos. Porque conviene recordar -de nuevo- que los fundadores de Coalición no articularon una federación política para alcanzar el poder, sino lo contrario: primero alcanzaron el poder (a través de una moción de censura en aquel lejano 1993) y después montaron una federación política que supo conquistar y mantener la centralidad en el espacio público canario durante 20 años. Y no es que eso suponga un pecado original que los deslegitime política o ideológicamente, pero explica algunos rasgos básicos de sus dinámicas internas y externas. El objetivo de un secretario general -o presidente ejecutivo- ajeno al gobierno, en anhelado modelo PNV, deviene inalcanzable y, para muchos dirigentes, claramente indeseable. Tanto en el Gobierno como en los poderes insulares la mayor obsesión reside en el control político y organizativo. Pero al rehuir de una dirección con suficiente autonomía frente al poder institucional solo se refuerza y prolonga la debilidad del partido, e incluso, se apuntala un poco airoso papel como apéndice retórico o coreográfico del Ejecutivo. Incluso se han derogado las incompatibilidades entre cargos públicos y orgánicos establecidas en anteriores congresos. Mal asunto. A los 92 años un rey noruego redactó al fin su testamento, que empezaba con estas prudentes palabras: "Si un día yo muero?" Un día u otro, Coalición Canaria perderá el poder y tal como van las cosas, muy previsiblemente, no tendrá partido en el que refugiarse. Suele ocurrir cuando los responsables de una fuerza política olvidan, trastornados por el éxito, que en el poder se está de alquiler, y que el auténtico hogar donde se sobrevive a los reveses en las urnas y se reconstruye un proyecto político es el partido.

Barragán ha perdido -y desde luego se le han concedido- mayores potestades normativas y reglamentarias. La figura de una coordinadora -la palmera Guadalupe González Taño- robustece la operatividad de la dirección. Pero el comité ejecutivo, por supuesto, sigue siendo un tupido bosque de representantes de intereses y sensibilidades. Renovación del discurso nacionalista, muy poco. Y autocrítica, la suficiente para decir que a veces, al mirarse al espejo, CC se encuentra poco atractiva, ciertamente, pero es que los demás son horriblemente feos.

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