Con museos y dineros

29.03.2017 | 00:21
Con museos y dineros

Miguel Ángel Clavijo, director general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, anunció hace unos meses -al término del extraordinario I Congreso de Museos, en su discurso de clausura del mismo, El futuro de los museos de Canarias- una serie de apropiadas estrategias y actuaciones para los próximos años, como la creación de un registro y la publicación de una guía oficial de los mismos previsiblemente para noviembre de este año, que acertadamente llamó la Guía Michelin de estas instituciones en nuestra comunidad.

El congreso, que reunió en el Liceo Taoro de La Orotava en noviembre del pasado año a más de 250 profesionales de la museística y sus directrices, sirvió para ver las carencias y las excelencias, que de todo hay, pero, sobre todo, para marcar pautas de actuación que tal como el mismo Clavijo afirmó no significan más que el cumplimiento de la ley.

Pero yo, que por supuesto suscribo todo lo que de lo trabajado y puesto en común en dicho congreso he leído y me han hablado, pero a la vez tengo impregnada en la piel la doble lectura de la gente del campo, afirmo, tal como pudiera decir un socarrón de nuestra tierra, que "a buenos ocios, malos negocios".

¿Que los museos son un buen ocio? Innegable. Educan, enseñan, muestran, enorgullecen y, si se llevan adelante con cordura y buen tino, hacen responsables a los pueblos de la protección de sus patrimonios sin la necesidad casi de intervención pública en ello.

¿Que son malos negocios? Casi igual de innegable, si por ello entendemos que necesitan permanentemente de los públicos dineros -con raras y honrosas excepciones- y de una constante intervención de las aportaciones oficiales para su mantenimiento, adquisición de patrimonio, ampliación, contratación de personal cualificado...

El que una de las conclusiones oficiales del congreso fuera que Patrimonio va a trabajar mano a mano con Turismo, cuyo responsable en las Islas, Héctor Suárez, tiene ojo experto para cribar en esta materia; y que los museos que no cumplan con los condicionamientos y condiciones para su inclusión en la guía no van a recibir una perra de las arcas de todos, es buena cosa. Entiendo, al igual que muchísima gente, que las aportaciones oficiales, en este campo y en otros muchos, debe servir para el arranque del motor. De su andadura posterior deben encargarse los que de lo subvencionado se hacen cargo, y nunca mejor dicho.

Si tal como lo define el ICOM -el Consejo Internacional de Museos- éstos son "una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo", pudiera entenderse que no es lógico mi siguiente afirmación, pero en el mundo en el que andamos y nos movemos, algo que necesita de una continua ayuda dineraria y que no está bien gestionado, no consigue atraer el interés del público, no entra nadie... Mejor cerrado sin gastos que abierto con derroches.

Hace unos meses comencé a expresar mi opinión -humildísima, pero cierta- de que los museos podrían servir a Teror (lugar en el que por mi cargo tengo obligación de tener participación activa en la protección de su patrimonio histórico, artístico, folclórico, literario...) para recuperar y rehabilitar edificios por su titularidad eclesiástica o privada, destinarlos a la labor museística y así establecer convenios con las entidades públicas que posibilitaron la inversión legal del dinero de todos en las casas de algunos. Proponía, y propongo, que edificaciones como la Casa Museo de los Patronos de la Virgen, el Palacio Episcopal, el antiguo Parador de San Matías, el Molino del Puente, la Casa de Correos... podrían pasar a convertirse en museos de la Virgen y su relación con la historia de la Diócesis, en Museo Sacro, en el Museo de las Tradiciones Orales y del Patrimonio Inmaterial de los Mayores de la Villa, en Museo de los Caminos, en Museo de Música y Folclore de las Romerías, y tantos más...

Para ello hace falta inteligencia, sensatez, buen tino, ausencia de partidismos y dineros, muchos dineros para levantar y poner al día edificaciones antiguas, abandonadas, en estado de lamentable desidia muchas de ellas; que tendrían además que cumplir con normativas tan rígidas e inflexibles en su aplicación como las de la accesibilidad o las de seguridad para los usuarios.

Es posible legalmente: la compraventa, el convenio, el acuerdo de uso posibilitan la superación de la cosa legal. El problema está en que esas inversiones de arranque inicial no sirvan para lo que se pretende y la mala gestión dé como resultado el cierre de instalaciones al medio año de su apertura. Si, además, tenemos en cuenta que la Iglesia y la gente adinerada (al menos en apariencia social) son los dueños de la mayoría de estos espacios, la propuesta -entiendo que perfectamente trasladable a otros muchos municipios- empieza a complicarse. Y si -vaya otro aforismo- el pueblo cree que "a los curas no les pidas, a los frailes no les des, de los ricos no te fíes que te amolarán los tres", la labor de los que coordinen todo esto desde las instancias públicas debe ser de muy fino hilado y conciliación de intereses.

Proponía y sigo proponiendo la única solución viable para que ello no cause más carga dineraria en momentos en que no es posible soportarla ni defenderla ante el pueblo: que los museos, centros culturales, lugares de promoción educativa en patrimonio, dispongan, además, de una aportación segura, fiable, controlada, de los cuartos con que mantenerse sin tener que tocar a las puertas de Miguel Ángel Clavijo, Aurora Moreno o Héctor Suárez, cada tres meses. Que cada uno tenga (al igual que en París, o en la Toscana, o en tantos lugares donde las mentes pensantes comenzaron antes que nosotros) un restaurante, una cafetería, una tienda de reproducción de antiguos grabados de la Virgen del siglo XVIII o de nuevas ediciones de las primeras grabaciones del Ay, Teror, que lindo eres en la voz de la Mary Sánchez de fines de los 50.

¿Imaginan disfrutar un potaje canario junto a las antiguas cocheras de los Manrique, tomar un café calentito en el patio del Palacio o llevarse de la Villa en una carpetita de lujo las primeras canciones de Teror con la firma impresa de Néstor Álamo? Y, repito, es una propuesta aplicable a cualquiera de nuestras villas y ciudades, que salvaría del abandono centenarias edificaciones que están desmoronándose ante la desidia de unos y la impotencia de otros, y serían un incentivo para que sus propietarios se pensaran en la oferta que el Gobierno, con el acuerdo y la connivencia de cabildos y ayuntamientos, pudiera hacerles. ¿Trabas normativas? A montones, tantas como funcionarios a los que se les pagaría para pensar en cómo solventarlas.

Yo, que ya a mi edad cavilo mucho, mucho, sobre qué mundo les voy a legar a mis hijos, prefiero ilusionarme con la posibilidad de que hereden un mundo mejor que esa aparente certeza de wque la incuria y la negligencia, que tanto achacan a nuestro tópico aplatanamiento, les obliguen a dejar la tierra que tanto quieren.

Pero todo ello con mucho control, mucha mente pensante, mucho sentido común... Porque de no ser así el tercero de mis refranes de hoy, "a dineros pagados, brazos cruzados", se convertiría en una triste realidad y nuestro pueblo merece nuestro esfuerzo, nuestra confianza en el valor del trabajo bien hecho, para poder seguir viviendo en el mejor lugar del mundo.

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