C.E.I.P. EL TOSCÓN
UNA HERMOSA NAVIDAD
Había una vez un niño que siempre estaba vagando por las calles pidiendo dinero y comida pero nadie le daba, el pobre niño en las noches de Navidad se quedaba solo y desconsolado mientras veía a través de las ventanas de las casas a las familias reunidas bailando y cantando. El niño desconsolado y triste se metió en un huequecito calentito. A la mañana siguiente estaba todo el mundo en la calle bailando cantando, los niños jugando; había un grupo de niñas bailando que vieron que estaba solo y triste; una niña de ella fue hacia a él y le dijo:
-Niño, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?
- Porque no tengo familia ni dinero y me estoy muriendo de hambre.
- Ven y tomaremos chocolate calentito para que te recuperes - le dice la niña muy triste.
- ¡Gracias! € contestó feliz y contento
Tomaron chocolate caliente, bailaban y cantaban hasta que se hizo de noche y la niña le dijo:
-¿Y esta noche dónde la pasarás?
El niño respondió, con cara de tristeza, afirma que dormirá en la calle.
-¿Por qué?
- Porque no tengo familia, ni casa, ni dinero.
La niña preocupada le dijo:
- Ven, pasarás las Navidades conmigo y con mi familia
El respondió:
-¡Gracias te lo agradeceré toda mi vida!
- Po cierto, no me has dicho tu nombre, ¿cómo te llamas?
- Me llamo Pablo ¿y tú?
-Yo me llamo Alejandra.
- ¿Qué bonito nombre!
- ¡Gracias!
Al llegar a casa le dijo Alejandra a Pablo:
-Esta noche vienen los Reyes Magos
-Y ¿quiénes son?
- Pues son los tres Reyes Magos que vienen desde Oriente para traerle regalos a todo el mundo, ¿nunca te han traído regalos?
-No.
-Pues esta noche, sí. Pero antes que nada tenemos que decorar la casa.
Los niños empezaron a decorar, pusieron guirnaldas, colgaron estrellas y hicieron el árbol de navidad, y dejaron la casa preciosa
-¿Qué te gustaría que te trajeran como regalos los Reyes Magos?
-Pues€€ me gustaría un perro.
-Pues no se hable más. Vamos a hacer la carta a los Reyes Magos
Los niños hicieron la carta y después se quedaron dormidos.
A la mañana siguiente vieron que había muchos regalos en el árbol; uno ponía "para Pablo". Alejandra se lo dio y era un perro.
Pablo muy agradecido dijo: - ¡es lo mejor del mundo!
20 años después, Alejandra y Pablo se casaron y tuvieron dos hijos preciosos que se llamaban Belinda y Rubén; un día de Navidad, Pablo recordó su infancia y les prometió a los dos:
- ¡Nunca os abandonaré como me hicieron a mí!