Todo apunta que para cuando empiecen a trabajar los tractores, en la década que viene, queda parranda para rato con este tema. Ya la hubo cuando George Stephenson armó la Locomotion Nº1, la primera máquina de vapor adaptada a un sistema de tracción en vías y que en 1825 llegó a la increíble velocidad de 35 kilómetros por hora. Cuando el público que esperaba a la máquina de Stephenson observó el tarajullo se llevó un chasco porque no se parecía a un cuadrúpedo, que era la única forma conocida de que algo con ruedas caminara. Y, además, tuvo que enfrentarse a una terrorífica campaña de los que vaticinaban que un ser humana moriría si se le llevaba a más velocidad que la que ofrecía un caballo. Que es algo parecido a lo que ponía ayer un amable periódico de la isla hermana, que quizá en su indigenismo y por desconocimiento del freno hidráulico considera que si en Gran Canaria acelerara un tren habría que pararlo en la marea. Y es que la Naturaleza evoluciona al 99,9 por ciento de los cerebros de toda la humanidad, reservando un 00,1 por ciento para muestras.