Lo peor de contar con los típicos vecinos desalmados, esto es, sin los 21 gramos que dicen que pesa el alma, es que mientras se hacen cosas buenas por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria por un lado hay quien las tira por la borda por el otro. Así, varios responsables municipales -que, aunque parezca que no los hay, sí que existe alguno- se ocupan de plantar árboles en diversos sitios de la capital grancanaria. Pero también hay vecinos, por llamarlos de algún modo, que se dedican a partirlos. Es el caso de los dos que había hasta el fin de semana pasado en la pequeña plaza que se encuentra justo detrás del Edificio Insular I, entre el colegio Iberia y la biblioteca pública del Estado. Resultan una verdadera pérdida en un tramo que ha quedado muy bonito y tal con la peatonalización, pero que siempre ha estado huérfano de la vida que da el verde. Y ahora más.