Un lector que tuvo que actualizar los datos de su libro de familia por razones que no vienen a cuento, le solicitó a la persona que le atendía que por favor le renovara el ejemplar al completo, dado que la portada no le gustaba mucho. "Es que la verdad, don Fernando, tener que ir con el águila ésta, como que ya no se estila". Y es que resulta que el águila descrita no es un guirre, ni un cernícalo, es el mismísimo avechucho franquista, que creíamos extinguido. "Pero me dijo que no. Que todos los datos se veían perfectamente y no había tutía. Y yo, claro, me quedé rascado mirando de reojo el flamante libro constitucional de un señor inmigrante que tenía al lado que hasta le dije que si me lo cambiaba, y que con toda la razón me dijo que no".