Al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria casi le cae el fin de semana una denuncia como un castillo después de que un peatón que andaba de noche por los bancos y gradas irregulares que llegan al litoral, entre la Cícer y el Lloret, cayera a las piedras desde casi tres metros de altura debido a la nula iluminación que existe en la zona. El viandante no se abrió la cabeza porque Dios es grande, pero las magulladuras y sobre todo el susto, no se lo quita nadie. "Si se llega a haber caído unos centímetros más allá", se queja un testigo, "hubiera ido a parar a las piedras y se habría matado". El lector recomienda "alguna farola en la zona".