Si usted, vecino del barrio capitalino de Lomo Los Frailes, había pensado conciliar su merecido descanso pasadas las once de la noche de un día cualquiera, siento decirle que algo tan sencillo va a convertirse en ardua tarea. Allí están los incondicionales conductores de los quads con sus vehículos a cuatro ruedas a toda pastilla, poniendo a prueba sus motores y los oídos de los sufridos residentes. Y cuando no son los conductores de los quads, allí llegan los motoristas a sustituirles o un tropel de automovilistas con el tubo de escape tuneado que los fines de semana toman las calles que conducen a las viviendas sociales cercanas al colegio Alfredo Kraus. Lo peor de todo, que los vecinos no saben dónde andan los efectivos de la Policía Local ni los agentes de la nacional. En definitiva, hace mucho tiempo que el barrio está abandonado a su suerte y tomado por los temerarios motoristas.