Una lectora nos confiesa haberse llevado un auténtico chasco en la Caldera de Bandama, lugar al que acudió tan ufana a enseñarles sus maravillas a unos amigos de fuera y que considera, no sin razón, como uno de los lugares más atractivos de Gran Canaria. Desde allí se divisa la mencionada e impresionante caldera, los campos de vides y, a lo lejos, una parte de la costa capitalina, pero lo tuvo difícil. El mirador, cerrado y abandonado, está salpicado de símbolos nazis y de montones de basura, lo que habla de la dejadez de la administración para con las cosas de comer. Total, que fue a presumir de cosas bonitas de la tierra y se fue avergonzada con los comportamientos autóctonos, los que mandan y los que se olvidan de que el patrimonio es de todos.