No deja de resultar paradójico el que usted pone una alcayata en el zaguán de su casa y le cae la del pulpo por no pedir permiso, por hacer un agujero y por su peligrosidad añadida. Pero los ayuntamientos no. Los ayuntamientos disfrutan de una bula ante sus propias chapuzas, como el foso dejado en la calle Juan Manuel Durán de la capital grancanaria, vía que a la altura del número 57, justo donde antes había un árbol ahora queda el hueco donde se alojaban las raíces. Un peatón se dio un tremendo trastazo el pasado domingo al caer por culpa de esta trampa que lleva meses así sin que a nadie se le haya movido el flequillo, y mucho menos en Parques y Jardines, que es el área con responsabilidad en deforestaciones en esta capital. Ayer entró la denuncia en el Ayuntamiento, que por tanto se ha convertido en un soporte legal para que el siguiente en caer empure adecuadamente a la Corporación. Seguiremos informando, bien desde la superficie o desde el centro de la Tierra.