Cita previa en el centro de salud del barrio. El ciudadano tiene hora para su doctora a la una y media, pero ya está allí a la una y cuarto. No entrará a la consulta hasta las cuatro menos veinte. Más de dos horas de espera. No hay derecho. La doctora, que como es obvio da a cada paciente el tiempo y el cariño que se merece, no debe cumplir con los ratios de tiempo vistos y no vistos que le marcan las autoridades sanitarias, porque de lo contrario no se entiende una espera de esa envergadura. Podría pasar un retraso de media hora, 45 minutos... ¿Pero realmente cabe un desfase de más de dos horas? Algún cálculo no debe salir bien en el servicio de cita previa. Para ahorrar tiempo a los ciudadanos bien valdría la pena hacer un reajuste en las previsiones de lo que se dedica a cada paciente.