"Sobrepasamos, con diferencia, los decibelios y la paciencia de una ciudad que quiere ser turística, europea y civilizada, don Fernando, y alguien debe tomar cartas en el asunto". Cuenta, no sin razón, este vecino de Las Palmas de Gran Canaria que "cuando es la propia policía municipal la que te deja sordo durante varios minutos; cuando tienes que subir la voz o la televisión en tu casa porque a tres manzanas ya se oye una sirena, uno se pregunta si estas señales acústicas están diseñadas para dar aviso a los vehículos cercanos o para enfermar y atronar a los ciudadanos y dejarlos pegados al techo".