"Mire, don Fernando, acabo de llegar del centro de salud de Guanarteme y le digo que no sé si tendré la gripe A, pero lo que sí que tengo seguro es un ataque de nervios por la pasividad y el poco respeto hacia los pacientes. Llegué a las 8.30 de la mañana al servicio de urgencias y me hicieron esperar, a mí y a una decena más de personas que estábamos allí porque la doctora no había llegado. Llegó a las 9.10 y todavía estuvo diez minutos más de risas y fiestas con todo quisque que se encontraba con ella. Cuando entró en su consulta resulta que estaban fregando el piso, así que aún estuvo un rato hablando con la limpiadora sobre qué hacer. Decidió pasar a la consulta de al lado, que estaba vacía porque su compañero no había llegado tampoco. Pues bien, del primer paciente al que atendió nos enteramos todos los presentes de lo que tenía porque no se dignó, si quiera, a cerrar la puerta. Pero es que hubiera dado igual. Enfermeros, limpiadoras y celadores entraban como les daba la gana en la consulta sin importarles si estaba ocupada y desde luego sin el menor respeto al enfermo que había dentro".