Yusef Acabani cumplirá 80 años el próximo mes de diciembre. "Llevo más años en Canarias que en mi tierra", asegura este hombre que llegó a la Isla desde Siria hace casi medio siglo. Ahora preside el Club Hispano-Árabe.
NATALIA VAQUERO / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA.—¿Cómo recuerda usted su llegada a Canarias?
—Fue hace ya 48 años, en 1959, y con muchas ganas de labrarme un futuro. Esa era mi meta y la he conseguido. Además, he sido muy afortunado con la familia que he logrado crear en esta ciudad. Estoy convencido de que Canarias no deja de ser un cacho del cielo en la Tierra.
—¿Notó usted en aquellos años algún tipo de rechazo en las Islas a la llegada de inmigrantes?
—Nunca. Puedo asegurar que en ningún momento hemos tenido los árabes problemas de convivencia con los canarios. No hay que olvidarse de que Canarias es una tierra muy unida a la causa palestina, a los árabes y a los saharauis. El que diga que ha tenido problemas de rechazo por su origen árabe con los canarios es que miente. Cuando organizamos actos por los pueblos árabes son más los canarios que acuden a estas citas que los musulmanes. Siempre nos hemos sentido muy apoyados por las gentes de esta tierra.
— Pues no son pocos los musulmanes que ahora se sienten marginados por las instituciones y los ciudadanos de las Islas.
— En general, yo insisto en que no creo que exista ese rechazo. A lo mejor hay gente que piensa de esa forma, pero no acuden al Club Hispano-Árabe que tenemos en Las Palmas de Gran Canaria desde 1964.
— Pero sí acuden a la Mezquita de la capital.
— A lo mejor sí, pero yo conozco al imán de Canarias y puedo asegurar que es una gran persona, muy buena y entregada a la religión que atiende a todas las personas que se acercan a la Mezquita.
— ¿Se acerca usted alguna vez?
— Sólo cuando me llama el imán. Yo no soy una persona religiosa, pero respeto todos los credos que existen y lo único que rechazo es a los fanáticos que andan por ahí. No hay que olvidar y tenemos que decir bien claro que no todos los musulmanes estamos obligados a ser religiosos. Yo soy un claro ejemplo, al igual que la mayoría de los socios de este club que une a árabes y españoles.
— ¿Han observado ustedes que haya aumentado el radicalismo entre los musulmanes que llegan a Canarias?
— Yo soy sirio, pero antes que sirio soy árabe y también español porque tengo doble nacionalidad. Repito que en la época en la que yo llegué a Canarias, hace casi medio siglo, no existía ningún problema de integración porque la relación con la sociedad era total. Desde que se fundó el Club Hispano-Árabe se controla a la gente que quiere entrar a formar parte de él. En esta sociedad no puede entrar nadie si no sabemos a ciencia cierta de dónde viene y qué viene a hacer a esta tierra.
— Esa especie de criba se hace también desde la Mezquita.
— Me parece muy bien, porque queremos que a Canarias llegue gente buena y hay que estar unidos para evitar a los fanáticos.
— ¿No se ha traducido el incremento de la inmigración en un aumento de solicitudes para entrar en este Club?
— Pues la verdad es que no. Los inmigrantes que llegan a Canarias no se acercan porque tienden a acudir a los consulados para arreglar su situación. La verdad es que en Canarias se portan muy bien con todos: con los que llegan de forma legal y con los pobres que lo hacen en cayucos o pateras. No hay más que mirar las atenciones que reciben nada más desembarcar. La comunidad musulmana también ayuda a sus ‘hermanos´, pero tenemos que constatar primero que son personas de buena voluntad.
— ¿Para qué se creó este Club?
— Esta sociedad la crearon en 1964 los cónsules de Siria y Líbano y un ciudadano palestino. Es un lugar de recreo y cultura que no quiere saber nada de religión. Aquí vienen cristianos y musulmanes, pero dejan sus creencias en sus casas. Todos somos hermanos y tenemos que estar unidos. En el local tenemos clases de danza o de cocina árabe. Llevo al frente de este Club más de nueve años y le aseguro que los 70 socios que forman esta familia están muy agradecidos a los canarios. También somos canarios porque somos españoles.
—¿No le parecen injustas las trabas que tienen los musulmanes para celebrar las fiestas del Ramadán y del Cordero?
— Nosotros no podemos celebrar esas fiestas en este Club porque no queremos tener tintes religiosos en la sociedad. El que quiera rezar o hacer alguno de los ritos del Islam debe irse a la Mezquita. Lo que no queremos es mezclar el carácter cultural de este centro con el religioso que tiene que existir en la Mezquita. Yo voy tanto a la Mezquita como a la Iglesia a funerales de amigos.
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